Propósitos 2026
Enero llega cada año con la misma coreografía: propósitos nuevos, agendas limpias y una fe casi infantil en que ahora sí. Ahora sí voy al gimnasio. Ahora sí ahorro. Ahora sí cuido el tiempo, la cabeza y hasta el silencio. Los objetivos de año nuevo son, en realidad, una auditoría emocional. Un cierre de ejercicio vital. Miramos el balance, detectamos desviaciones y prometemos corregirlas. El problema no es fijar metas. El problema es pensar que el calendario tiene poderes mágicos. Porque el 1 de enero no cambia nada. Cambiamos —si acaso— nosotros. Y no por decreto, sino por desgaste, por aprendizaje o por puro hartazgo. Aun así, los objetivos cumplen una función clave: nos recuerdan que queremos ser otra cosa. Mejor o, al menos, menos cansados de nosotros mismos. Y eso ya es algo. Aunque luego fallemos. Aunque abandonemos en febrero. Aunque el gimnasio vuelva a vernos en octubre “solo a informarnos”. Hasta aquí, todo muy humano. Lo interesante es que mientras millones de...