Cualquier tiempo pasado fue anterior_#La Tramoya


 Ayer empezamos el programa con una canción que eligió Sofía, una de Bad Bunny.

Y claro, rápidamente le aplicamos ese filtro vintage de señor de los 90, al que le parece que nada de lo actual está a la altura de lo de “nuestra época”. Ya sabes, ese deporte nacional que consiste en escuchar algo que no es de tu generación y sentenciar, en cinco segundos, que el mundo se va al carajo.


El caso es que yo soy de luego quedarme pensando las cosas —y así me va— y de camino a casa trataba de buscar un razonamiento lógico a ese comportamiento. Es decir: ¿de verdad cualquier tiempo pasado fue mejor… o simplemente cualquier tiempo pasado fue, eso, pasado?


Porque claro, si uno compara, la diferencia entre antes y ahora no es que antes fuéramos más sabios. Es que antes no teníamos Google… y desde luego no teníamos ChatGPT. Y eso, quieras que no, te da una pátina de serenidad. Por ignorancia, sí, pero serenidad.


Antes, para quedar con alguien, era muy simple: “a las ocho, en tal sitio”. Y ya. Sin ubicación, sin “¿por dónde vas?”, sin “estoy aparcando”, sin “salgo en cinco”… y sin el mítico “salgo en cinco de verdad”.

Antes quedabas y te la jugabas. La incertidumbre era parte del plan. 


Antes, si querías saber algo, tenías dos opciones: o preguntabas a alguien —con el riesgo de quedar como un ignorante— o te ibas a una enciclopedia que pesaba como un microondas y tenía la información actualizada hasta el 83. Ahora lo sabes todo en dos segundos. Lo único que no sabemos es qué hacer con tanto dato.


Antes el aburrimiento era un estado. Ahora es un fallo del sistema. Antes te aburrías en el autobús mirando por la ventana, contando farolas. Ahora miras el móvil y ves pasar la vida de los demás, pero con anuncios, con ruido y con un algoritmo diciéndote “te va a gustar esto” como si el algoritmo fuera tu madre.


Y la música… la música es el mejor termómetro. Antes escuchábamos en mono, en cintas regrabadas mil veces. A veces grabadas de la radio, con el locutor metiendo la cuña justo en el estribillo. Esperábamos dos años entre disco y disco. Y las letras te las aprendías con el libreto en la mano, como quien estudia una oposición. ¡Pero si yo todo el inglés que sé se lo debo a los Beatles!




Ahora, en cambio, lo tienes todo: la canción, el vídeo, el making of, el análisis en TikTok y un tipo explicándote “lo que realmente quiso decir el artista”. Bueno… algo no ha cambiado: sigues necesitando leer la letra para entenderla. Sobre todo con Bad Bunny.


Y luego está lo de “nuestra época”. Porque esa frase es peligrosísima. “En nuestra época” significa: cuando yo tenía menos responsabilidades, menos facturas, más pelo… bueno, pelo… y la rodilla aún no hacía ruido al levantarme. ¿Y si por eso todo era mejor y no por la calidad del producto en sí? Yo, en eso, me sigo atrincherando.Me niego.


Pero lo que sí creo es que igual el debate no es Bad Bunny contra los 90. Igual el debate es nosotros contra el paso del tiempo. Y por eso idealizamos.


En fin. Que ayer nos reímos de Bad Bunny, sí. Y me fui a casa pensativo, dándole vueltas a todo esto. ¿Y sabes cómo lo resolví? Me puse el Mellon Collie and the Infinite Sadness, de The Smashing Pumpkins… y se me quitaron todas las dudas. Y las tonterías.

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