Lo de Epstein_ #La Tramoya

 


Hoy, 19 de febrero de 2026, se ha publicado que Andrew Mountbatten-Windsor (el que hasta hace poco conocíamos como el príncipe Andrés) ha sido detenido en el Reino Unido, en una investigación vinculada a su relación con Jeffrey Epstein, por sospechas de “mala conducta en el ejercicio de un cargo público”.


Y por eso lo dije hace unos días: este asunto me revuelve. Me da miedo… y asco. El asco no lo tengo que justificar. El miedo sí.


Epstein no fue “un rico con gustos raros”. Fue, presuntamente, un millonario que durante años usó dinero y contactos para captar y explotar sexualmente a menores y jóvenes, no solo para él, también para su entorno. 


Cuando por fin lo detuvieron en 2019 por tráfico sexual, apareció muerto en su celda antes de sentarse ante un jurado; y su mano derecha, Ghislaine Maxwell, fue condenada por ayudar a reclutar y facilitar esos abusos.


Y alrededor, lo de siempre: esa niebla espesa de rumores de rituales, símbolos, cámaras, chantaje… cosas no probadas como tal, sí. Pero que nacen de una sensación muy concreta: que aquello no era un vicio privado. Era una maquinaria.


Mi miedo no es el de los “chalaos” que se arrancan los empastes para que no los localice la CIA. Mi miedo es peor, porque es más plausible: 

Es miedo a que algunas historias ridículas en la forma escondan verdades en el fondo. Que el chiste haya sido una vacuna para no investigar o nos haya servido para seguir cenando tranquilos.


Yo, de entrada, no me lo creo. Por higiene mental. Porque si te lo crees todo, acabas loco. Y yo no quiero vivir con el corazón en la garganta. Pero claro… ves Epstein. 

Ves que esto ha pasado de verdad. Y entonces no te vuelves conspiranoico pero te incomoda. Te entra esa duda que no te apetecía tener.


Y ahí es cuando piensas: vale, si esto existió allí, ¿por qué iba a ser imposible aquí? 

No digo que lo sea. Insisto. Digo que la pregunta ya no es tan graciosa. Porque aquí también tenemos nuestro propio archivo: Alcàsser. Bar España (Castellón). Pub Arny. Y ojo con las saunas del suegro de Pedro Sánchez.


Repito, para que no se me malinterprete: no estoy diciendo que sea verdad. Ni de lejos. 


Pero lo que digo es que hay una mezcla explosiva que se repite: poder, dinero, silencio y miedo a señalar al que tiene apellido, agenda o amigos. Y cuando esa mezcla existe, lo indecente puede ocurrir.


La duda sana, la que a mí me importa, es si aquí hubiera algo así, ¿de verdad tenemos músculo para investigarlo sin temblar? ¿O dependemos del azar, de una filtración, de que alguien se canse, y cante? 

Porque si dependemos del azar, estamos “apañaos”.


Y ahora, lo positivo, que también hay que decirlo: al menos este ha caído y con el van cayendo mas. 

Al menos, por una vez, un nombre grande ha tropezado. No repara nada, no devuelve nada, no limpia nada… pero manda un mensaje mínimo, que hoy ya es mucho: que no son intocables para siempre. 


Y con eso, aunque sea poco, se empieza.

__________________________________________________________________


🎭
 LA TRAMOYA | 99.9 Valencia Radio 

· 🕔 L–V · 19:00–20:00 

· 📩latramoya@la999.es

Comentarios

Entradas populares de este blog

No siempre lo urgente es lo importante

#La Tramoya_Editorial: "Si quieren ayuda, que la pidan"

El negocio del miedo_ #La Tramoya