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El zapatero y el cofre de la abuela_#La Tramoya

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Érase una vez un zapatero muy famoso que vivía en un reino donde todos hablaban mucho de honradez, de humildad y de hacer el bien. El zapatero no arreglaba zapatos, pero daba lecciones y decía cosas como “que el era de tener poco y de dar mucho” Un buen día, un malvado juez envío a sus guardias a registrar su castillo y encontraron un cofrecito. —¿Y esto qué es? —preguntaron sorprendidos. Y el zapatero dijo: —Nada, nada. Cositas de la abuela. Y todos imaginaron lo normal. Un dedal, una medallita, un broche viejo, un reloj Casio 12 melodías … Así que tasador real abrió el cofre, miró dentro, volvió a mirar, sorprendido se limpió el monóculo. Y dijo: —Majestad… esto no es el joyero de la abuela. Esto es la cueva de Alí Babá. Había piedras brillantes, rubíes del tamaño de chupachups, zafiros, esmeraldas y diamantes para . —Pero yo pensaba que valían poco —decía el zapatero- entre treiítamil y cincuenta mil maravedíes. Claro, lo normal, ¿Quién no ha confundido alguna vez una fortuna con un...

Verano, cuartos de final y Butragueño_#La Tramoya

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Hoy empieza el Mundial. Y eso, para los que tenemos una edad, sigue significando algo especial. Aunque ahora haya partidos a todas horas, aplicaciones, resúmenes, estadísticas, cámaras en el vestuario, mapas de calor y jugadores que parecen diseñados por una inteligencia artificial japonesa, un Mundial sigue teniendo algo de infancia. De ese momento en el que uno vuelve, aunque sea un rato, al niño que miraba la pantalla pensando que aquello era lo más importante del planeta. Mi primer Mundial, el que recuerdo así, como entre niebla, cromos y bocadillo, fue México 86. Maradona, la mano de Dios, el gol del siglo, Butragueño metiéndole cuatro a Dinamarca y España haciendo lo que España hacía entonces: ilusionarte lo suficiente para luego romperte el corazón, con furia, eso si. Aquello era muy nuestro. España siempre era favorita, pero para nosotros. Para el resto del mundo era una selección simpática, competitiva, con buenos jugadores y una capacidad extraordinaria para volver a casa jus...

Perfumando con incienso las cloacas_#La Tramoya

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Estos días, con la visita del Papa, ha pasado algo milagroso, casi místico. Algo a la altura de la conversión del apóstol Pablo al cristianismo, cuando de camino a Damasco “vio la luz” y pasó de perseguir cristianos a predicar el Evangelio. De repente, los medios públicos y algunos grupos mediáticos que habitualmente miran todo lo católico como quien mira un mueble viejo han descubierto la fe. Pero no una fe discreta, no. Una fe de cobertura especial y con enviado en directo. Una fe con un despliegue de medios informativos nunca visto en España. Y ojo, que la visita del Papa es noticia. Claro que lo es. Ha movido a muchísima gente, ha dejado imágenes potentes y ha demostrado que en España la fe sigue teniendo una presencia mucho más fuerte de lo que algunos querían admitir. Ya lo comentábamos el lunes. Pero lo curioso es otra cosa. Lo curioso es ver cómo determinados medios han convertido su habitual distancia con la religión en una catequesis en hora de máxima audiencia. No se hablaba...

Festivales en modo avión_#La Tramoya

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Valencia quiere ser ciudad de festivales. Ciudad moderna, abierta, cultural, mediterránea, joven, viva, internacional. Pero en bajito, muy bajito. Valencia quiere ser Berlín, pero con volumen de hilo musical de dentista. Con lo del Festival de les Arts lo hemos vuelto a conseguir: hemos vuelto a hacer algo extremadamente difícil. Hemos montado un festival donde la gente no gritaba “otra, otra”. Gritaba: “No se oye”. Hemos creado un nuevo formato de espectáculo. Hemos inventado “la misa indie”. Y ojo, que los vecinos tienen derecho a descansar, faltaría más. Nadie quiere vivir encima de un bombo. Bastante tenemos ya con los grupos de WhatsApp del colegio de los críos. Pero claro, si vendes entradas, montas escenarios, anuncias artistas, llenas aquello de gente con pulsera, gafas de sol, cerveza caliente y ganas de corear canciones… lo mínimo es que se escuche algo. Aunque solo sea por cortesía. Porque si el público ha pagado por un concierto y acaba leyendo los labios del cantante, algo...