Saber perder_#La Tramoya
NO ES ARGENTINA. ES SABER PERDER
Voy a empezar dejando algo muy claro.
A mí los argentinos me caen especialmente bien y Argentina, como selección, es con la que siempre acababa yendo de niño cuando España nunca pasaba de cuartos.
Me gusta su sentido del humor, su pasión, su manera de contar las cosas y esa capacidad extraordinaria para convertir una conversación sobre fútbol en una cuestión de Estado.
Por tanto, esto no va contra Argentina ni contra los argentinos.
Va contra lo que hicieron algunos jugadores y miembros del cuerpo técnico argentino después de perder la final.
Porque una cosa es competir con intensidad o perder perder los nervios en un contexto tenso.
Y otra muy distinta es convertir una derrota en una pelea de maras.
Nahuel Molina golpeó a Rodri cuando el capitán español simplemente corría a celebrar. Paredes agarró del cuello a Eric García y, junto a Almada, acabó tirando a Gavi al suelo. Ayala también aparece señalado en los informes por una agresión a Dani Olmo. La FIFA ya ha abierto una investigación disciplinaria sobre lo ocurrido.
Y sorprende especialmente porque algunos de ellos conocen perfectamente España.
Han vivido aquí o viven, han trabajado aquí o lo siguen haciendo, han sido aplaudidos aquí.
Paredes jugó en España. Molina lleva años en el Atlético de Madrid, Almada también juega en el Atleti. Ayala fue durante mucho tiempo uno de los grandes referentes del Valencia.
Y ojo, eso no les obliga a alegrarse de nuestra victoria, por supuesto, pero sí debería recordarles que enfrente no había enemigos.
Había compañeros de profesión que habían sido simplemente mejores, nada mas.
Enzo Fernández, acabó expulsado por una entrada durísima sobre Cubarsí, y una protesta colectiva como si el problema no hubiese sido la patada, sino que el árbitro la hubiese visto.
Y también Messi, si, la leyenda.
Posiblemente el mejor de la historia. Eso es indiscutible.
Pero tuvo varios gestos obscenos mas siendo quien es.
Salió a chivarse al arbitro señalando a Cucurella por hablarle tapándose la boca. Patético e infantil.
Pero lo más triste llegó después.
Mientras España subía a recibir la Copa, la selección argentina, con Messi como capitán, dio la espalda al escenario y se marchó hacia la grada.
No hacía falta aplaudir con entusiasmo, ni sonreír.
Bastaba con quedarse.
Mirar y mostrar respeto, como lo hizo Francia hace cuatro años cuando eran ellos los que levantaban la copa.
Porque ganar demuestra talento.
Pero perder demuestra educación y grandeza.
Argentina es campeona del mundo, tiene una historia inmensa y millones de aficionados extraordinarios.
Precisamente por eso, aquella imagen no estuvo a su altura.
Insisto, no critico a un país, ni siquiera al equipo, si no a solo algunos de los integrantes que dieron un espectáculo infame.
Critico a quienes, llevando su camiseta, olvidaron durante unos minutos lo que representa.
En el fútbol puedes perder una final.
Lo que no deberías perder nunca es el respeto y la deportividad.
El Domingo España se llevó la Copa.
Pero algunos argentinos dejaron sobre el césped algo bastante más difícil de recuperar:
La dignidad.
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