Canela en rama_ #La Tramoya

 

Si ayer hablábamos de la música, así en general, hoy —después de darle varias vueltas al último trabajo de Santero y los Muchachos— se me ha desparramado la dopamina.

Y hablo como valenciano y como oyente. Porque aquí, en Valencia, no solo vendemos sol, playa y paella. Exportamos música. Exportamos carácter. Exportamos alma.lo hacemos con acordes bien puestos y rimas con intención.


No necesito mirar atrás —que podría, ojo—. Bruno Lomas, Camilo Sesto, Juan Bau o

Nino Bravo sostienen cualquier argumento histórico. 


Pero hoy toca poner el foco en el presente y, sobre todo, en el futuro inmediato. Porque Valencia es un vivero de talento que conviene subrayar sin complejos.


Por citar algunos —que no están todos, pero sí bien elegidos—: Desert Vipers, con

identidad y garra. Tenda, creciendo con personalidad. O Bombai, que ya no compite:

lidera.


¿Y qué me dices de Los Zigarros? Demostrando que el rock valenciano también sabe llenar escenarios grandes sin pedir permiso.


Luego están mis debilidades —y esto ya es personal—. Porque no solo los escucho y los admiro, es que los conozco y los sigo admirando.


Reina Roja. Rafa, Ale, Manolo y María.

De lo mejor que transita por las calles de esta ciudad. Y, como ella, capaces de

combinar el batiburrillo de culturas sin que chirríe nada.


Pop con raíces mediterráneas, actitud urbana y copla. Canela en rama.

Regálate Un solo corazón y luego me dices.


Están los que vuelven, Los Romeos.

Marcaron estilo y actitud cuando Valencia empezaba a exportar música con sello

propio. Y ahora vuelven para confirmarlo.


Y están los que nunca se fueron. José Manuel Casañ y Seguridad Social.

José es rock. José es cultura, honestidad y cercanía.

José es Valencia allá donde esté sonando Seguridad Social.


Atentos, además, que se vienen cositas: disco y libro. Ojo a las pantallas.


Y claro, Santero y los Muchachos, la banda con la que ha empezado esta reflexión.

Una de esas que no suenan a nadie más que a sí mismas.

¿Son rock? Sí. Pero también folk, también raíz, también huerta valenciana y también

alma.

Rock reposado, le llaman ellos.Y te lo digo mientras escucho, en el metro y en bucle, Muros.


Y sí, no están todos los que son. Pero los que están, son.

Porque al final todo se resume en esto: Valencia no es una anécdota musical, es un territorio creativo.


Así que escucha, comparte y presume.

Cuando una ciudad es capaz de explicarse al mundo con acordes, lo demás —el sol, la playa y la paella— ya viene solo.

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