Perfumando con incienso las cloacas_#La Tramoya
Estos días, con la visita del Papa, ha pasado algo milagroso, casi místico. Algo a la altura de la conversión del apóstol Pablo al cristianismo, cuando de camino a Damasco “vio la luz” y pasó de perseguir cristianos a predicar el Evangelio.
De repente, los medios públicos y algunos grupos mediáticos que habitualmente miran todo lo católico como quien mira un mueble viejo han descubierto la fe.
Pero no una fe discreta, no.
Una fe de cobertura especial y con enviado en directo.
Una fe con un despliegue de medios informativos nunca visto en España.
Y ojo, que la visita del Papa es noticia. Claro que lo es.
Ha movido a muchísima gente, ha dejado imágenes potentes y ha demostrado que en España la fe sigue teniendo una presencia mucho más fuerte de lo que algunos querían admitir. Ya lo comentábamos el lunes.
Pero lo curioso es otra cosa.
Lo curioso es ver cómo determinados medios han convertido su habitual distancia con la religión en una catequesis en hora de máxima audiencia.
No se hablaba de otra cosa.
Tú encendías la tele y aquello era una sucesión de conexiones, análisis, mapas, testimonios, sonrisas, masas, cánticos, emoción, reflexión y tono solemne.
Solo faltaba que alguien dijera:
“Y ahora conectamos con Moncloa, donde se ha producido otro milagro: hoy tampoco hablamos de corrupción.”
Porque claro, casualidades de la vida, la visita del Papa coincide con una semana especialmente incómoda para el Gobierno.
El caso mascarillas, el del hermanísimo listo para sentencia, Zapatero, las joyas de “su yaya”, “la Begoñísima” y las cloacas de Leire Díez.
Y entonces, de pronto, el Papa.
Qué oportuno todo.
No digo que se haya organizado para eso, evidentemente.
Pero sí que alguien en Moncloa ha entendido que no hay nada mejor que el incienso para disimular el olor a cloaca.
Así que hemos asistido a un fenómeno maravilloso: medios que normalmente tratan la religión como si fuera una superstición de pueblo, convertidos de pronto en Radio María con presupuesto público.
Los mismos que otros días te explican que España debe ser más laica, más moderna, más europea y más alejada de viejas tradiciones, estos días estaban a punto de retransmitir hasta el movimiento del palio en cámara lenta.
Porque queda muy raro que quien ayer miraba la religión por encima del hombro hoy esté retransmitiendo la visita del Papa como si llevara toda la vida guardando sitio en primera fila.
Es una conversión, sí.
Pero de programación.
Y esas conversiones duran lo que dura la crisis.
Luego se apagan las cámaras, se va el Papa, vuelve la superioridad moral de siempre y la Iglesia vuelve a ser ese decorado antiguo que molesta cuando no sirve para tapar nada.
En fin, que el apóstol Pablo vio la luz, se cayó del caballo y dejó de perseguir cristianos para representarlos.
Aquí ha pasado algo parecido, pero más practico: el tufo a cloaca les ha abierto los ojos y se han liado a predicar el Evangelio pero según San Pedro, pero Sánchez.
Que, ojo, muchos empezamos a pensar que este también tiene vida eterna.
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