Si pero no.
Ahora en serio
La caída de Maduro no es una noticia: es un ajuste de cuentas con la historia. Un dictador menos siempre es una buena noticia. Siempre. Porque no hablamos de un gobernante discutible, ni de un líder incómodo, sino de un régimen que durante décadas ha saqueado un país, ha empobrecido a su gente y ha usado el poder como garrote. Celebrar su caída no es ideología: es higiene democrática.
Hoy toca alegrarse por Venezuela. Por los que se fueron, por los que se quedaron, por los que callaron por miedo y por los que gritaron y pagaron el precio. Hoy toca pensar que quizá, solo quizá, empieza una etapa distinta. Y eso, en un mundo saturado de malas noticias, no es poco.
Ahora bien. Dicho esto, bajemos la euforia un par de puntos. Porque cuando las grandes potencias se ponen de acuerdo con demasiada rapidez, conviene leer la letra pequeña. La geopolítica no funciona por altruismo, funciona por intereses. Y cuando varios gigantes deciden a la vez quién cae, cómo cae y cuándo cae, el riesgo no es menor: es estructural.
Las caídas tuteladas rara vez salen gratis. Pueden traer alivio inmediato y problemas a medio plazo. Pueden abrir la puerta a algo mejor… o a un tablero más inestable. Y en un mundo con demasiados conflictos abiertos, cualquier chispa mal gestionada puede prender más de lo deseable.
Por eso hoy conviven dos emociones legítimas: la alegría por el fin de un tirano y la preocupación por el precedente. Porque si mañana se decide desde despachos lejanos lo que ocurre en países que no votan en esas mesas, nadie está completamente a salvo del método.
Y sí, también hay una esperanza más cercana. Quizá este terremoto ayude a aclarar discursos, silencios incómodos y equilibrios morales en casa. Quizá obligue a algunos a explicar de qué lado estaban cuando no convenía explicarlo. La política, como la vida, acaba pasando facturas.
Hoy Venezuela merece celebrar. Nosotros, observar con cabeza fría. Y no perder de vista que el fin de un infame no convierte automáticamente el mundo en un lugar justo, solo nos recuerda que la justicia, cuando llega, casi nunca llega sola.
Y tú, ¿qué opinas: liberación necesaria o aviso inquietante?
Ahora en serio
Columna de opinión.
Pensar Valencia sin ruido.

Comentarios
Publicar un comentario