El negocio del miedo_ #La Tramoya


 Hace unos días volvieron a mover el llamado Reloj del Fin del Mundo.

Sí, ese invento simbólico que cada cierto tiempo nos recuerda lo cerca que estamos, supuestamente, del apocalipsis.


Y si, lo adelantaron. Otra vez.

Estamos a 90 segundos. Siempre estamos a segundos.

Yo ya no sé si estamos más cerca del colapso nuclear, climatológico, bioquímico o del colapso de mi paciencia.


Me aburro.


El concepto es “maravilloso”: un reloj que mide lo cerca que estamos de destruirnos.

No mide avances médicos, ni esperanza de vida. 

No mide innovación, ni mide nada que tranquilice.


Mide el desastre. Todo mal.


Y claro, eso abre el telediario mejor que “todo más o menos estable”, el “ahí vamos”, no vende un carajo.

Así que si, los telediarios se han convertido , da igual la cadena, en un panfleto de “asustaviejas”.


No me malinterpretes. El mundo tiene riesgos reales pero es que llevamos décadas viviendo en “ahora sí que sí”.

Siempre al borde, siempre al límite, siempre a un minuto de la extinción… que nunca termina de llegar.


Y mientras tanto, nosotros desayunando con el meteorito, comiendo con la guerra y cenando con el colapso climático. Todo en prime time.


El miedo es un negocio impecable.

No necesita resultados. Solo necesita expectativa.


Piénsalo, en los últimos 3 años,  ¿cuantas guerras han desatado el invierno nuclear?, ¿cuantos virus nos han vuelto a confinar como el COVID?, hasta un meteorito ha pasado rozando el palo… pero no.


Y ojo, un día se cumplirá, pero descuida, ese día no nos habrán avisado a nadie.


Lo fascinante es que el miedo no tiene ideología.

Sirve para todos.


Para movilizar, para justificar, para distraer, para polarizar: “que viene la ultraderecha”… 


Y ¿sabes que?, cuando vives asustado no preguntas tanto.

Cuando vives en alarma permanente, gestionas menos y reaccionas más.


Y ahí está el matiz.

Una cosa es alertar. Otra es convertir la alerta en modelo de negocio emocional.


Y no se a ti, pero a mi me alucina en lo que se ha convertido la televisión. Humoristas en prime time “protegiendo” las libertades de las fauces de la “ultraderecha” y periodistas del “misterio” asegurando que nos debería dar mas miedo la izquierda que quedarte una noche encerrado en el Palacio de Linares.


Al final del día acabamos con el cortisol derramado, indignados, agotados y enfadados por sistema.


Igual el reloj del fin del mundo no mide el tiempo que le queda al planeta.

Igual mide lo rentable que sigue siendo el miedo.


Y mientras lo sigan adelantando, habrá audiencia.


Pero tranquilos.

Hoy tampoco se acaba el mundo.

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