Hombres del renacimiento_ #La Tramoya


Los tiempos cambian.

Y no es una frase hecha, es casi una evidencia biológica. Venimos de una época en la que la vida laboral era una línea recta: se entraba al mercado de trabajo con una sola dirección y, con suerte, se salía por jubilación. 

El que era fontanero lo era siempre. El enfermero, el abogado, el administrativo… a menudo en la misma empresa, en el mismo despacho, en la misma mesa, durante décadas. 

Había algo de seguridad en eso, pero también algo de jaula bien barnizada.


Hoy ese modelo se ha resquebrajado. No por rebeldía romántica, sino por pura realidad. El mundo ha acelerado, las certezas se han vuelto frágiles y, casi sin darnos cuenta, nos hemos convertido en algo parecido a hombres y mujeres del Renacimiento. Personas con más de una vocación, más de un oficio, más de una vida posible dentro de la misma vida.


Ya no resulta extraño que alguien tenga una profesión “oficial” y otra que alimenta el alma. O que cambie de rumbo a mitad de camino. O que combine saberes que antes no se tocaban: técnica y creatividad, oficio y pensamiento, razón y emoción. No es dispersión. Es adaptación. Y, en muchos casos, supervivencia.


Lo malo es que el sistema —al menos aquí, en España— no está pensado para tanta modernidad. Va con retraso. Se castiga el emprendimiento, se penaliza la innovación y se desconfía de quien no encaja en el molde clásico. Mientras tanto, a los politicuchos de tres al cuarto se les llena la boca de promesas de futuro y los bolsillos de impuestos.


Todavía se penaliza tener varios pagadores en un mismo año fiscal, como si cambiar de trabajo fuese una forma de promiscuidad moral. 

Como si probar, arriesgar o reinventarse fuera una sospecha y no una virtud. 

El mensaje implícito sigue siendo claro: mejor quieto, mejor previsible, mejor no salirse del guion. Aunque el guion ya no funcione.


Pero ese es otro debate. Hoy no toca.


Hoy toca charlar de libros, de cultura y de humanidad. De personas que miran el mundo con más de un par de gafas y se atreven a contar lo que ven. Hoy toca abrir conversaciones tranquilas, recomendar lecturas, escuchar historias y, de fondo, dejar que la música nos recuerde que hay vidas que no caben en una sola etiqueta.


Por que hoy en La Tramoya es lunes y los lunes son cultura.


Así que con esa idea arrancamos. Sin prisas, sin dogmas y con curiosidad.

Porque los tiempos cambian… y aquí estamos para contarlo.


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