Huelga de médicos_#La Tramoya



La pasada semana me contactaron desde el MUD, la Asociación de Médicos Unidos por sus Derechos, porque sentían la necesidad de explicar en primera persona la huelga sanitaria en la que ya estamos inmersos.


Estoy seguro de que, igual que yo, tu primer impulso al conocer esta convocatoria fue pensar: “¿otra vez?”, “con lo que cobran”, “con el puesto asegurado”, “pues que protesten sin molestar”. Ese reflejo que en este país se ha convertido casi en religión: la doctrina del funcionario.


Porque sí: yo mismo me quejaba hace días en este programa de que me llegó la cita de odontología cuando ya no tenía muela.


Y tú seguro que conoces el catálogo: el teléfono que nadie coge, el especialista para dentro de meses, como si el cuerpo tuviera agenda y pudiera posponer el dolor. 

Urgencias convertidas en sala de espera infinita. O esas consultas en las que tienes la sensación de que estás explicando lo que te duele en un tuit: como te pases de 150 caracteres te vas a casa sin receta.


Y claro, como pacientes oímos “huelga” y, no lo niegues, pensamos: ¡puf!… ¡funcionarios!


¿Pues sabes qué? Nos la han vuelto a colar.


De los creadores de:

“Si cobras una miseria, la culpa es del empresario, que se lo gasta en puros y sombreros de copa”.

O de:

“Si el alquiler se dispara, el culpable es el propietario, los turistas o tu vecino, el del cuarto, que alquila para especular”.


Llega la nueva temporada:

Si la sanidad se planta, el malo es el doctor.


Porque sí: el sistema tiene una habilidad obscena para conseguir que el chorreo le caiga siempre al de abajo. Siempre al que te da la cara. Siempre al que está al otro lado del mostrador.


No quiero ni imaginar las chapas que les estarán cayendo a los guardias civiles de tráfico a cuenta de las dichosas balizas. Otro clásico: alguien decide, alguien adjudica, alguien cobra… y el que se come la bronca es el que está en la carretera con el chaleco reflectante.


Así funcionan las maniobras de este sistema impúdico: tú culpas al que te atiende en siete minutos, pero no al que ha montado un sistema donde siete minutos es lo normal. 


Tú te enfadas con la enfermera que no llega, pero no con quien decidió “optimizar recursos” hasta que ya no quedan recursos que optimizar. Tú te peleas con el médico que hoy hace huelga… y el sistema respira aliviado porque hemos vuelto a comprar el relato.


¿El enemigo? El de abajo.


Y no, no te estoy diciendo que nos dé igual. A ti y a mí nos afecta. Claro que nos afecta. La huelga molesta porque lo que está en juego es la salud, y la salud no admite discursos bonitos. Pero precisamente por eso conviene no caer en la trampa: porque la trampa consiste en que te cabrees con quien está intentando que esto no se hunda del todo.


Por eso hoy es importante escuchar a los que están al otro lado del mostrador.


Hoy viene Enrique Alfonso, presidente del MUD, y yo no te pido que le aplaudas.


Te pido algo más incómodo: que le escuches sin prejuicio. Que le escuches como paciente inteligente.


Porque igual hoy no están parando el sistema: igual están intentando que el sistema deje de pararnos a nosotros.

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