¿La verdad?_ #La Tramoya
Hoy, Sofía y yo hemos grabado una entrevista con una periodista iraní que publicaremos en los próximos días y que no te puedes perder. Y salgo con dos aprendizajes que deberían poner a temblar a cualquiera que todavía crea que esto va “de contar cosas”.
Uno: hemos entendido, con nombres, con fechas y con piel, la realidad de Irán en los últimos 47 años. No la versión de saldo, no el titular “del todo a1€”. La realidad: gente viviendo con miedo, con represión y con un coste humano difícil de calcular, difícil y crudo.
Dos: hemos entendido lo mal que está el periodismo - al menos yo, hablo en primera persona. Y te lo digo yo, que no soy periodista de título, pero sí de oficio. Porque al final esto va de una cosa muy simple: preguntar, contrastar y contar lo que hay. Y punto. Y sin embargo, hoy lo raro es ver eso en funcionamiento.
No es aceptable que la información esté condicionada por intereses, por política o por financiación.Y lo estamos viendo en directo, cada día, en cada tema sensible.
Ayer, con la huelga de médicos, Enrique Alfonso lo decía sin rodeos: según qué medios, según qué cercanía al poder, la motivación de la huelga se presentaba deformada, recortada, incluso ridiculizada. No era información: era encuadre. Era estrategia. Era “gestión del relato”, que es una manera fina de decir “te cuento lo que conviene”.
Y hoy vuelvo a lo mismo, pero a escala internacional: ¿por qué Irán, o las víctimas de Irán, no merecen la misma atención, la misma condena y la misma movilización social que las víctimas de Palestina o Ucrania? Y ¡ojo!, que aquí no hay competición del dolor: todas merecen lo mismo. Justo por eso la pregunta es tan incómoda. Si todas merecen lo mismo, ¿por qué el foco no se reparte igual? ¿Quién decide qué muerte abre telediario y cuál se queda en una nota a pie de página?
¿Y por qué, a estas alturas, aún se presenta lo de Venezuela como “secuestro” en según qué medios, como si el marco estuviera ya preinstalado, como si la libertad de un pueblo oprimido fuese una opción de menú ideológica? ¿Cuándo se normalizó que el lenguaje ya venga cargado de intención?
En algún momento, el periodista —esa profesión que debería ser vocacional y con una sola prioridad: la verdad, te beneficie o te incomode— ha empezado a comportarse como un escriba del que paga. Y ojo: no hablo de errores, ni de prisas, ni de limitaciones humanas. Hablo de sesgo estructural. De líneas editoriales que ya no orientan: dictan. De redacciones que ya no investigan: ejecutan. De enfoques que ya no buscan aclarar: buscan alinear.
¿A partir de cuando los periodistas instalaron sus despacho en el centro de una trinchera?
Y claro, luego nos extraña la desconfianza. Luego nos sorprende que la gente se informe a golpes de consignas, de vídeos recortados, de montajes con IA. Pero es que si el periodismo renuncia a su función —poner luz, ordenar hechos, incomodar al poder— alguien ocupará ese espacio. Y normalmente lo ocupa el ruido.
Así que sí: que nos vendan neutralidad, ni “contexto”, ni “es complejo”. Esto es bastante simple: o trabajas para el ciudadano o trabajas para el que te financia. Y si eliges lo segundo, al menos ten la decencia de no llamarlo periodismo. Llámalo por su nombre: propaganda con bien maquetada… bueno, a veces ni eso.
__________________________________________________________________
🎭 LA TRAMOYA | 99.9 Valencia Radio
· 🕔 L–V · 19:00–20:00
· 📩latramoya@la999.es

Comentarios
Publicar un comentario