Trileros_#La Tramoya
Hoy se cae el “decreto social” y el relato oficial es sencillo: bloqueo, irresponsabilidad, insensibilidad. Mucho titular épico y mucha pose grave.
Pero vamos a rascar un poco.
Dentro de ese paquete, además de medidas sociales legítimas, iba la prórroga de la suspensión de desahucios en determinados supuestos. Traducido: más dificultades para que un propietario recupere su vivienda en ciertos casos. Y eso, en la práctica, vuelve a tensionar el debate sobre ocupaciones.
Y aquí es donde entra la jugada.
Metes en el mismo saco ayudas necesarias y medidas polémicas. Lo envuelves en papel de “escudo social”. Y si alguien vota en contra, ya tienes el eslogan preparado: “han tumbado las ayudas a los vulnerables”.
Eso es técnica parlamentaria. Es el clásico movimiento del trilero en la plaza: distrae con la mano derecha mientras con la izquierda desliza la bolita. Incluso si te descuidas, el “gancho”, encima te quita la cartera.
El problema es que esta vez enfrente no había turistas despistados. Había otros trileros. Y claro, cuando dos se conocen el truco, la partida cambia.
La política, la española y la internacional, se parece cada vez más a una mesa plegable en el centro de la plaza.
Cuando la gestión aprieta, se activa la cortina de humo. Una enfermedad coronaria del presidente —como si tuviera corazón—. Una desclasificación de documentos del 23F… ¡o de ovnis!, que en EEUU lo hacen todo más a lo grande, y ale, todos buscando la “bolita” mientras nos birlan la cartera.
Pero no es solo la política. Es la industria entera. Plataformas, marcas, medios. Mantenerte entretenido es rentable. Mantenerte pensando es peligroso. Un ciudadano que reflexiona compara. Y cuando compara, decide. Y cuando decide, puede cambiar cosas.
Por eso vivimos en una distracción permanente. Series infinitas. Escándalos efímeros. Indignaciones de 24 horas. Todo diseñado para que tu atención no repose nunca en lo que de verdad importa.
Y nosotros encantados. Porque distraerse es cómodo. Pensar cansa. Analizar exige tiempo. Es más fácil discutir por una frase fuera de contexto que leerse un BOE.
Nos tienen ocupados, entretenidos, indignados… pero no informados.
Y lo brillante del sistema es que creemos que elegimos. Que somos libres porque cambiamos de canal, de supermercado o, peor, porque votamos, pero da igual: el ruido es el mismo.
Porque la clave no está donde miras, la clave está en lo que pasa justo donde NO estás mirando.
La distracción no es un accidente. Es un modelo.
Y mientras seguimos consumiendo polémicas de usar y tirar, las decisiones de largo alcance se toman en silencio. Sin focos. Sin trending topic. Sin debate real.
Te propongo algo, la próxima vez que veas mucho humo, acude al BOE, verás como es ahí donde está el fuego.
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