Unos contra otros_ #LaTramoya
Hoy no vengo a hacerme el chulo. Vengo a reconocer una cosa: estoy preocupado.
Ayer recibí un mensaje en Telegram. Un aviso masivo firmado por Pavel Durov, el fundador de la plataforma alineándose con Elon Musk y sus recientes ataques a Pedro Sanchez con un texto larguísimo diciendo que España va directa a un Estado de vigilancia, que se acabó la libertad en internet, que vienen a por ti… y rematado con un “compártelo antes de que sea tarde”.
Y ahí me di cuenta de algo: mi preocupación no es solo por lo que haga el Gobierno —que también y mucha—. Mi preocupación es por el clima que estamos creando… y por cómo nos están empujando a vivir como si estuviéramos en guerra.
Por un lado, el poder. El Estado. El Gobierno. Cuando se habla de prohibiciones, de verificación de edad, de “control del odio”, de responsabilidad penal, de algoritmos… uf. Eso de “es por tu seguridad” a mí me activa todas las alarmas. Porque sé cómo empieza: con una causa noble. Y sé cómo puede acabar: con herramientas que vigilan, que etiquetan, que desincentivan la crítica y que convierten la discrepancia en sospecha.
Y además hay una verdad incómoda: aunque mañana cambie el gobierno, lo que se instala rara vez se desinstala. El siguiente, sea quien sea, tiende a aprovechar lo que el anterior dejó montado.
Pero es que el “otro bando” también me preocupa.
Porque mientras el Gobierno plantea herramientas que pueden ser peligrosas si se diseñan mal, hay actores fuera del Estado —canales, gurús, cuentas, agitadores profesionales— que están haciendo lo suyo: capturar a la gente, sobre todo a los más jóvenes, a base de adrenalina y épica barata.
Te lo envuelven en banderas de libertad. Te hablan como si fueras parte de una resistencia heroica. Y te empujan un poquito más lejos cada día.
Un poquito más enfadado.
Un poquito más seguro de que el vecino es el enemigo.
Un poquito más dispuesto a justificar lo injustificable.
Y ahí es donde me entra el temor de verdad: que acabemos con dos máquinas alimentándose mutuamente.
Una que regula con brocha gorda porque “hay que hacer algo”.
Y otra que agita con gasolina porque “hay que despertar al pueblo”.
Y en medio, nosotros. La gente normal. La que trabaja, cuida, paga, llega cansada a casa y solo quiere una cosa: un mínimo de paz mental.
Pero la polarización no se queda en internet. Baja a la calle. Se convierte en miradas de odio, en insultos, en señalamiento, en bronca permanente. Y cuando una sociedad entra en esa dinámica, la violencia deja de parecer imposible.
Yo no quiero un país donde la crítica se castigue con normas ambiguas.
Pero tampoco quiero un país donde la crítica se convierta en munición para que alguien reclute rabia y la dirija contra personas.
Así que, si hoy tuviera que pedir algo, sería sencillo: menos épica y más garantías.
Menos propaganda y más controles y contrapesos.
Menos héroes de Telegram y menos tentaciones de vigilancia desde el BOE.
Y, sobre todo, cuidemos el clima, no hablo de “Agendas 2030”, hablo del clima social.
Porque cuando el clima se pudre, la libertad no la pierde solo “el otro bando”. La perdemos todos.
Y sí: parece mentira que hayamos olvidado tan pronto las lecciones que nos dejó el siglo XX.
_____________________________________________________________
🎭 LA TRAMOYA | 99.9 Valencia Radio
· 🕔 L–V · 19:00–20:00
· 📩latramoya@la999.es

Comentarios
Publicar un comentario