Ayer, al ser festivo, no ser fallero y también por que alargamos la noche del miércoles, me quedé en casa, tranquilo. 


Y claro, autónomo y en casa, pues ya sabes, te pones con pendientes y en mi caso pendiente siempre está lo mismo: 


Las puñeteras redes sociales.


Así que me senté delante del ordenador con actitud de CEO de Silicon Valley… y a los tres minutos estaba aceptando cookies como si estuviera firmando la paz mundial.


Porque claro, tú entras a “configurar tus redes sociales” y aquello no es una web… es una cabina de avión. Botones por todos lados. Palancas. Opciones que ponen “avanzado”. Y cuando algo pone “avanzado”, ya sabes que no es para ti.


Yo empiezo fuerte: “hoy automatizo Instagram, LinkedIn y la web”.

A los diez minutos estoy viendo un tutorial de un chico de 14 años en YouTube que habla como si hubiera fundado tres empresas… y yo no sé ni dónde está el botón de guardar.


¡Es que no entiendo las redes sociales!


Usan un idioma distinto:

“Embudo de conversión”, “algoritmo”, “engagement”, “SEO”…

Lo mismo que cuando el mecánico te dice que hay que cambiar una pieza…¿la junta de la trócola?… tú asientes, pagas… y rezas.


El algoritmo, por ejemplo.

El algoritmo es como ese amigo al que nunca ves pero decide tu vida.

Un día le caes bien y te pone hasta en la sopa.

Otro día se levanta cruzado… y te aniquila del ecosistema .


Y tú haces contenido.

Con cariño. Con esfuerzo.

Lo subes… y lo ven tres misaras personas: que además son tu madre, un bot ruso y un señor de Soria que se ha dormido haciendo “Scroll”.


Pero tú sigues.

Porque te han dicho que hay que ser constante.

Que publiques, que insistas, que generes valor.

No sabes muy bien qué es el valor… pero tú lo generas, por si acaso.



Luego está LinkedIn.

Ese sitio donde todos somos expertos en todo.

La gente no trabaja… lidera.

No tiene problemas… tiene aprendizajes.

Y no se equivoca… crece.


¡Y yo siempre salgo con un síndrome del impostor del carajo!


Y la web…

Ah, la web.

Que tú dices: “voy a tocar una cosa rápida”…

Y de repente desaparece media página.

Y tú no sabes qué has hecho… pero sabes que no lo puedes arreglar.


Total, que empiezas el día queriendo optimizar tu presencia en redes sociales y lo único que se te acaba por optimizar es tu sensación de que estas a dos clics de acabar volviendo a escribir los guiones del programa a boli.


Y esa es la realidad.

Que vivimos en un mundo donde todo el mundo habla de dominar lo digital…

Y la mayoría estamos sobreviviendo con dignidad.


Porque no entendemos nada.

Pero oye… aceptamos todas las cookies.


Que al final… es lo único que sabemos hacer con seguridad.

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