Coherencia_La Tramoya
La semana pasada, ya lo contábamos, Pedro Sánchez volvía a enarbolar una frase que en España tiene mucha historia: “No a la guerra.”
La decía con tono solemne, apelando a la paz, a la diplomacia, a la necesidad de rebajar tensiones, al espíritu del mismísimo Gandhi.
Pero mientras, en algún lugar del mapa naval europeo, a la fragata española “Cristóbal Colón” le llenaban el tanque de gasolina y el maletero de CETMES para partir rumbo al Mediterráneo oriental y reforzar el despliegue militar cerca de Chipre junto a otros buques europeos.
Sin sorpresas, “un día mas en la oficina de la política”, ya sabes, “donde digo digo, digo Diego”.
Pero hoy no vamos a hacer lo fácil, criticar a Pedro Sánchez. Por que creo que es sano de vez en cuando hagamos un poquito de autocrítica para no olvidar que los políticos, por chuscos, jetas y patéticos que nos parezcan - que lo son- no son ni mas ni menos que un reflejo de nuestra sociedad.
Y esa es la parte incómoda.
Porque cuando miramos bien, descubrimos que muchas de las incoherencias que criticamos en la política… las practicamos todos los días en versión doméstica.
Por ejemplo, Trump y su famoso “America First”.
Ese lema grandilocuente que suena a imperio, a bandera ondeando al viento y a discurso con música épica.
Pero luego te subes al metro a las ocho de la mañana.
Se abren las puertas…
y ahí tienes a cincuenta personas intentando entrar mientras otras cincuenta intentan salir, a la vez.
Nadie espera.
Nadie deja espacio.
Todos mirando el hueco libre como si fuera el último bote salvavidas del Titanic.
Y ahí lo tenemos: “Mi culo first.”
Y lo hacemos en todo, ¿eh?.
Mentimos y ponemos excusas hasta cuando no hace ninguna falta.
Es más: nos mentimos a nosotros mismos, que ya tiene mérito. Porque engañar al de enfrente esta feo… pero hacerte trampas al solitario ya es muy top.
Si es que nos prometemos comer sano…
pero luego le echamos azúcar al café como los P. Tinto, “hasta que haga isla”.
Somos todos muy honestos. Honestísimos.
Hasta que hay dinero encima de la mesa.
Ahí corruptos no… ahí somos ¿“flexibles”?.
¿Y empáticos?
Hombre, muchísimo. Lo que mas.
Hasta que nos quedamos atrapados en la V-30.
Pero eso si, lo que no somos es violentos.
Ni tú ni yo.
Nosotros detestamos la violencia, como Sánchez o como BILDU.
Es más, cualquier árbitro de fútbol te lo puede corroborar sin pestañear.
Pregunta y verás. Incluso en Infantil.
Ya que estamos en el fútbol. No somos ni injustos, ni groseros, ni por supuesto racistas…
Y por eso quizá el problema no es que los políticos sean chuscos, jetas y patéticos, el problema es que son “nosotros”. Nosotros como sociedad, digo.
Son nuestra azúcar en el café, nuestra excusa innecesaria, nuestra honestidad flexible, nuestra empatía atrapada en la V-30 y nuestra violencia de domingo en Mestalla.
Quizá por eso convendría empezar a mirarnos un poco más antes de indignarnos tanto. Porque la política no deja de ser una versión a lo grande de muchas miserias pequeñas que toleramos cada día.
Lo mismo la coherencia que exigimos ahí arriba tendría que empezar a practicarse aquí abajo, en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo nuestro, de lo contrario corremos el riesgo de acabar con un escaño.
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