La humanidad_#La Tramoya
Es martes, 3 de marzo. Y sí, podría haber empezado hablando de Irán, de cómo nos va a afectar, de la posición del Gobierno, o de la comparecencia en el Senado de Zapatero ayer. Podría haberlo hecho. Pero no. Paso.
Hoy, por pura higiene mental, prefiero no hacerlo. Estoy cansado de abrir casi cada día el micrófono con la sensación de que el mundo parece cada vez más averiado.
Así que te voy a contar algo bueno que me ha pasado esta mañana.
De vez en cuando nos visitan en la emisora grupos de colegios o, como hoy, centros de atención a personas con diversidad. Han venido desde Villar del Arzobispo, de ADIS Las Suertes: Amparo, Ernesto, Carla, Sonia y Dani. En su centro tienen su propio programa de radio. Han entrado con entusiasmo de verdad, con respeto por el medio, con esa mezcla de concentración y alegría que ya no es tan habitual en según qué entornos.
Y de repente, te recolocan.
Porque su manera de estar, su honestidad limpia y el trabajo humano —de verdad humano— de profesionales como Carlos e Irene, te reconectan con lo esencial. Con lo que somos cuando no estamos compitiendo por poder, relato o influencia. Te recuerdan que la dignidad no depende del cargo, ni del escaño, ni del despacho.
Cuesta creer que pertenezcamos a la misma especie que protagoniza titulares diarios con nombres como Trump, Putin, Netanyahu, Ali Khamenei o, más cerca, Sánchez, Feijóo o Abascal, moviendo fichas geopolíticas y librando batallas de poder, frente a personas como Carlos e Irene —y no solo ellos— que hacen de su profesión la entrega diaria a quienes más lo necesitan.
Hablo de educadores sociales que acompañan procesos invisibles durante años. De auxiliares y personal de atención directa que sostienen rutinas que para otros serían imposibles. De terapeutas ocupacionales que celebran avances que no saldrán jamás en un informativo. De maestros de educación especial que convierten cada pequeño logro en una victoria compartida. De sanitarios que trabajan sin épica, pero con una ética firme. De trabajadores sociales que hacen malabares con recursos escasos para que nadie quede atrás.
Sin focos. Sin estrategia. Sin relato.
Mientras unos gestionan poder, otros gestionan humanidad. Y esa diferencia se nota.
Hoy he visto a personas adultas emocionadas por sentarse ante un micrófono. He visto profesionales pendientes de cada gesto, cada mirada, cada pequeño logro. Y eso vale más que cualquier debate parlamentario.
A veces pensamos que la humanidad se decide en grandes titulares. Pero no. Se decide en pequeños cuidados. En paciencia. En dignidad.
Y en que decidamos mirar más a quienes cuidan… y menos a quienes gritan.
Y en eso, gran parte de culpa la tenemos nosotros, los medios.
Comentarios
Publicar un comentario