Niños de la guerra_ #La Tramoya
Hay algo profundamente incómodo en el momento que estamos viviendo con Irán. Como casi siempre, cuesta elegir bando sin sentirse bastante ingenuo.
Por un lado, tienes al régimen iraní. 47 años sosteniendo uno de los sistemas más represivos y asesinos del planeta.
Una población que lleva décadas viviendo con miedo y no desde ayer.
No desde que esto ha saltado a los titulares, desde hace casi medio siglo.
Por otro lado Israel, vendiéndonos la burra de la seguridad preventiva, pero con una estrategia que, una vez más, convierte el tablero en un campo de fuego donde la proporcionalidad hace tiempo que dejó de ser un criterio operativo.
Y en la ecuación, Estados Unidos con Donald Trump a los mandos que es como tener a un niño malcriado jugando al hundir la flota… pero con portaaviones de verdad.
¿Y Europa?
¡Ay Europa!…
Europa está en su papel habitual: “si pero no”, “ya si eso”…,
Mucho discurso, mucha demagogia, pero cero impacto.
Y España, pues eso, ¡No a la guerra!, pero mandando fragatas… vamos, cabreando a Trump y a Irán todo a la vez.
Y mientras todos juegan su partidita de Risk a escala… los que pierden son los de siempre.
El ciudadano iraní.
El que no decide nada.
El que lleva 47 años soportando represión y ahora, además, tiene que asumir el coste de una escalada que tampoco controla.
Ese es el dato estructural. Todo lo demás es ruido.
Porque aquí no hay buenos, aquí solo hay malos y víctimas.
También intereses, claro que si.
Y hay una consecuencia bastante clara que nos toca más de lo que parece: esto no se queda allí.
Cada tensión en Oriente Medio tiene traducción directa en tu bolsillo. Energía, transporte, inflación… lo de siempre.
Y nosotros, como siempre, analizándolo desde el sofá, discutiendo en redes, posicionándonos como si tuviéramos toda la información… cuando en realidad solo vemos una parte muy pequeña del tablero.
Por eso, quizá la clave hoy no es elegir bando.
Es entender una cosa mucho más incómoda:
Que en este tipo de conflictos, los que deciden no sufren… y los que sufren no deciden.
Y eso no está cambiando.
Ni tiene pinta.

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