Casi festivos_#La Trmoya


 Hoy quería hablar de una cosa muy española, muy valenciana y muy nuestra, que no sé cómo no está declarada patrimonio inmaterial de la humanidad: convertir días laborables en festivos de camuflaje.


Si, esos días que en el calendario aparecen como hábiles y laborables, pero que si tú intentas hacer una gestión, llamar a alguien, pedir un presupuesto o cobrar una factura… te das cuenta enseguida de que aquí lo de laborable es más bien una sugerencia.


Y en Valencia esto ya no es una costumbre. Esto es un arte. Desde el 1 de marzo estamos trabajando a medias. A medias de ganas, a medias de horario y a medias de vergüenza.


Desde entonces todo son días raros. Que si Fallas, que si Semana Santa, luego Pascua y el cachirulo, los niños, que no tienen cole… vamos que entre una cosa y otra… Aquí no tenemos calendario laboral, tenemos una escape room, pero para no currar.


Y la excusa reina, la invencible, la que no falla, la homologada, es la de los niños.


“Es que los niños no tienen colegio”.


Ah, claro. En cuanto los niños libran, media España entra en paradero desconocido porque, por lo visto, si un crío está en casa comiéndose una mona, su padre ya no puede ni abrir un correo. 




Es imposible. Lo dice la Constitución.


Artículo 14: “si el menor no va a clase, el adulto se rascará la panza a dos manos con dignidad”.


Y ojo a mañana, lo de mañana ya es una obra maestra del escaqueo patrio.


Porque mañana es viernes. Laboral, sí. Pero no va a trabajar ni el panadero. ¿La excusa? Que el lunes es fiesta. Y claro, ponerse serio un viernes con un festivo tan cerca aquí se considera una humillación. Casi una agresión institucional.


Si se han dado casos de piquetes recorriendo polígonos industriales buscando a gente trabajando y gente señalando naves con el dedo y diciendo: “ahí, ahí…ahí hay un autónomo trabajando, ¡prendedle, que no escape!”.




Y es que mañana la gente va a aparecer por el trabajo como el que firma la condicional, o como quien le está haciendo un favor al sistema. Un ratito, con mala cara, dos correos, una llamada y un “esto ya lo vemos a la vuelta”.


Pero lo mejor es que encima tenemos pudor. 


Porque aquí nadie lo reconoce, nadie dice con orgullo: “mañana no trabajo”. No. Aquí usamos eufemismos. “Mañana teletrabajo”. “Mañana estoy al teléfono”. O la mejor de todas: “me llevo el portátil”.


Mentira.


El portátil en estas fechas no es una herramienta, es un objeto decorativo, un amuleto. Es como ponerte chándal para no ir al gimnasio.


Y sí, lo siento, pero esa es la verdad incómoda. En España somos muy de protestar por los precios, por los sueldos, por el gobierno y por cómo va el país. Pero trabajar, lo que es trabajar… nos gusta regular.


Llevamos desde que empezó Marzo trabajando a medias, mañana no va a trabajar ni el “tato”, el lunes es fiesta y lo mejor es que esto no se va a acabar hasta el Viernes 1 de Mayo, que también es fiesta.


El día del trabajador lo llaman.

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