¿Tregua?_ #La Tramoya
Es miércoles, 8 de Abril de un mundo que no está dirigido por estadistas. Está dirigido por una colección de bocazas con botón un rojo, “complejito” de macho alfa con micropene y muy poca o mas bien ninguna humanidad.
Porque vamos a ver, Trump llevaba horas hablando como si fuera a prenderle fuego a la Historia, amenazando con acabar con una civilización entera, que ya es un nivel de delirio que ni Lex Luthor.
Y de repente alto el fuego de dos semanas, ¿Dos semanas? Como si no estuviéramos hablando de una guerra, sino de una promoción en el gimnasio de tu barrio:
“Abril, el mes de destrucción total, ahora con pausa gratuita y sin compromiso de permanencia”.
Y si, ya lo se, hay quien te lo justifica como una táctica de negociación, “la táctica del loco” , le llaman.
Pues si, la borda, está como un cencerro.
Irán, por su parte, tampoco necesita clases de indecencia. Un régimen que usa a civiles como escudo no está resistiendo heroicamente nada. Está demostrando que para ciertos dirigentes su pueblo no es su gente, si no meros sacos de arena para amortiguar la trinchera.
Los colocan delante, los exhiben, los sacrifican, y luego encima le ponen música épica y discurso solemne, a ver si cuela como dignidad lo que en realidad es miseria moral de la más cutre.
Y bueno, ya lo Israel diciendo: “vale, aceptamos el alto el fuego… pero en Líbano no”.
Ah, muy bien, si señor, Paz, pero a ratos. Tregua, si, pero por zonas.
Es decir, que la gran novedad geopolítica del día es que ahora se administra la violencia con la misma claridad que lo hace tu póliza de seguro del hogar: aquí sí, aquí no, esto entra, esto no entra, consulte condiciones.
Pero a mí lo que más me fascina de todo esto no es la guerra, que ya de por sí da bastante asco. Lo que me fascina es a liturgia del canalla. Ese momento en que salen a hablar de seguridad, de firmeza, de equilibrio regional, de líneas rojas… y tú los escuchas y piensas: pero si ustedes no saben gestionar ni sus propios complejos, si son señores jugando a Risk con vidas ajenas, disfrazando de estrategia lo que muchas veces no pasa de ser testosterona, propaganda y cálculo electoral.
Por que no, aquí, como en todas las guerras ninguno arriesga lo suyo. Ni Trump manda a su nieto al frente, ni los ayatolás ponen a los suyos de escudo, ni Netanyahu duerme con una alarma antiaérea en el pasillo de casa.
Los que pagan siempre son otros. Gente normal, gente que no ha decidido nada, que no ha firmado nada, que no sale en la foto y que solo tiene la mala suerte de vivir donde a un líder le conviene hacerse el chulito delante de los demás malotes del patio.
Y luego hablan de orden mundial.
Orden mundial, dicen y están dejando el mundo que parece el cajón de los calcetines de un adolescente.
Un mundo en manos de tipos que primero amenazan con el apocalipsis, después venden como sensatez una pausa táctica, y mientras tanto van dejando claro que la vida de un civil vale exactamente lo que estorbe en el relato.
Estamos apañaos.

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