El sitio de mi recreo_ #La Tramoya
Hoy quiero empezar yéndome a un sitio distinto. A un lugar más tranquilo, más bucólico, más mío. Porque mi infancia no suena a notificaciones ni a prisas. Suena a campo, a tierra, a animales. Mis abuelos tenían una pequeña granja: cabras, cerdos, gallinas, huerto… lo justo para sacar adelante el día a día. Y yo, cada verano, acababa allí. Sin opción de “plan B”. Aquello era el plan. Y fíjate qué curioso… con el tiempo entiendes que aquello no era un plan. Era un privilegio. Porque crecer rodeado de animales te enseña cosas que no vienen en los libros. Te enseña respeto, paciencia. Te enseña que la vida no va de botones ni de pantallas… va de ritmos, de cuidar. De estar. Allí el tiempo no iba como aquí. No lo marcaba el reloj. Lo marcaba la luz, el calor, el hambre de los animales. El día empezaba cuando tenía que empezar… y se acababa cuando el campo decía que se había acabado. Y eso, sin darte cuenta, te cambia la forma de medirlo todo. Aprendes a esperar. A no forzar. A entende...