con los pitos y abucheos al himno por parte de la afición de la Real.
Personalmente no soy patriota, ni regionalista, ni mucho menos nacionalista.
Te lo digo en serio.
Soy de los que piensa que soy español y valenciano por pura casualidad.
Porque nací aquí.
Y aunque he viajado menos de lo que me gustaría, lo he hecho lo suficiente como para saber que no somos más que nadie…
pero tampoco menos, carajo.
Aquí se come bien, se vive bien, se escribe bien y se hace música igual de bien que en casi cualquier lugar.
Pero todo este delirio nacionalista de erricotaberna…
todo este nacionalismo de trinchera…
no es ofensivo contra un país.
Es ofensivo contra el sentido común.
Y, sobre todo, contra la inteligencia.
Porque mira…
que Pedro Sánchez no tenga vergüenza ni pudor en arrodillarse por un puñado de votos que lo mantengan en Moncloa un minuto mas, es ruin y patético, pero ya oímos “hablar catalán a Aznar en la intimidad”, no es nuevo.
Esto viene de lejos y lo que nos queda por ver.
Que se pite el himno tampoco es nuevo.
Catalanes y vascos llevan años haciéndolo.
Pero hay algo más triste que oír pitar un himno, el que sea.
Y es ver a según qué periodistas explicándote después por qué ese himno sí se puede pitar… y ese otro no.
Porque el problema ya no es el borrego de la grada, que de ese no esperas nada, no tienen nada que ofrecer.
El problema es el comunicador, el que se pone durísimo con la falta de respeto de fuera… y comprensivo, pedagógico y hasta lo poético con la de dentro.
Si le pitan un himno ajeno, entonces hablan de xenofobia, intolerancia, vergüenza y degradación social.
Y con razón, ojo.
Hay que ser muy zoquete para hacer eso.
Pero si aquí le pitan el himno de España y al Rey presente, los de siempre, entonces ya no.
Entonces aparece la libertad de expresión, el contexto político, la identidad nacional, la protesta legítima… y el curso intensivo de matices para principiantes.
Qué curioso.
O sea, que no condenan la falta de respeto.
Condenan quién la firma.
Y al final…
al de la grada no le puedes pedir mucho más.
Y al político… tampoco.
Uno reacciona y el otro calcula.
Pero el periodismo debería hacer justo lo contrario.
Y cuando no lo hace…
cuando adapta el criterio según a quién moleste y según quien pague su nomina.
no está informando, está traicionando.
Y ahí ya no perdemos un debate.
Perdemos algo bastante más importante:
la confianza.

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