¿Genios o locos?_#La Tramoya
La diferencia entre la locura y la genialidad es muy sencilla:
si sale mal, eres un “zumbao”.
si sale bien, eras un visionario.
Y eso, que parece una broma, explica medio mundo.
Porque muchas veces no llamamos loco al que se equivoca.
Llamamos loco al que se adelanta.
Ese es el problema.
Solemos llamar locura a lo que todavía no entendemos.
Y llamamos genialidad a lo mismo… pero cuando ya ha facturado un milloncito de dólares.
Porque el genio, antes de ser genio, suele ser un cansino.
Por que la genialidad, mientras ocurre, no suele venir peinada, perfumada y con dossier de prensa.
Viene rara.
Viene incómoda.
Viene con pinta de problema.
El genio, antes de ser genio, suele ser un pesado.
Uno que insiste.
Uno que no suelta la presa.
Y claro, eso molesta.
¿O a caso crees que cuando Steve Jobs se empeñaba en que para cambiar el mundo había que hacer ordenadores bonitos la gente decía: “ahí va un genio”.
Ahora bien, cuidado, porque tampoco todo desvarío es talento.
Que hoy hay mucho Einstein de barra de bar.
Mucho Dalí de todo a 100.
Vamos, mucho vago con ínfulas.
La locura por sí sola no basta.
La genialidad no es perder la cabeza.
Es tener una pequeña tormenta dentro… y construir con ella un molino.
Ahí está la diferencia.
El loco se pierde dentro de su idea.
El genio consigue sacarla a la calle.
Y luego, cuando funciona, cuando ya vende, cuando ya triunfa, cuando ya sale en los libros, aparecen los de siempre diciendo:
“Yo siempre lo vi claro”.
Mentira.
No lo vio claro nadie.
Lo que pasa es que la genialidad tiene una cosa muy puñetera:
cuando llega tarde, parece evidente.
Pero cuando llega pronto, parece una locura.

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