Ghosting laboral_ #La Tramoya




Antes de empezar el programa quería abordar algo que me cabrea mucho.

Todos nos quejamos de los teleoperadores que hacen “puerta fría telefónica”


Quizá con razón, hay comerciales que no venden: asedian.


Te llaman por la mañana, por la tarde, durante la siesta, en mitad de una reunión, cuando estás aparcando, cuando estás comiendo…


Son como Liam Neeson en Venganza:


“Tengo tu teléfono. Tengo tu correo. Y te encontraré”.


Pero seamos serios, los hemos creado nosotros, nos los merecemos.  


Porque cuando un comercial hace las cosas bien, ¿como se lo recompensamos?


Te manda un correo correcto, educado, breve, nada intrusivo y ¿que hacemos?, lo ignoramos. 


Ni sí, ni no, ni “no me interesa”, ni “gracias”, ni “déjame vivir”.


Nada.


El correo se queda en la bandeja de entrada como un yogur al fondo de la nevera.  

Tú sabes que está ahí, pero cada vez que lo ves piensas:


“Luego lo miro”.


Y luego no existe.


Entonces, claro, el sistema aprende.


Aprende que el discreto no vende.  

Aprende que el educado no cobra.  

Aprende que el que respeta tus tiempos acaba hablando solo, en cambio, el pesado… consigue respuesta.


Aunque sea para decirle:


“¡No me llames más!”


Pero respuesta al fin y al cabo.


Y ahí está el drama.


Hemos premiado al comercial insoportable y hemos castigado al que intenta comportarse como una persona funcional.


Luego nos quejamos de que nos llamen.


Claro.


Si al que escribe con educación le hacemos ghosting laboral.


Porque eso existe: el ghosting laboral.


Es como el ghosting sentimental, pero más IVA.


El otro te escribe:


“Hola, Rubén, te paso una propuesta por si puede encajar”.


Y tú desapareces.


No porque seas mala persona, bueno, o si. 


Porque estás ocupado, “ocupadisimo”, si, para contestar “no, gracias” no tenemos tiempo.


Pero para ver un vídeo de un señor friendo huevos en una piedra… ahí sí sacamos un hueco.


Así que igual hay que empezar por algo revolucionario:


contestar.


Aunque sea que no.


Porque un “no, gracias” es una puerta cerrada con dignidad.


El silencio, en cambio, es dejar al otro mirando el telefonillo de la esperanza.


Así que la próxima vez que un comercial correcto te escriba, hazle un favor al mundo:


contesta.


Porque por cada mail educado que no contestamos nace un comercial pesado en algún lugar del planeta.


Esa es mi teoria.

Comentarios

Entradas populares de este blog

No siempre lo urgente es lo importante

Canela en rama_ #La Tramoya

Perfumando con incienso las cloacas_#La Tramoya