La tierra también habla_#La Tramoya

 


La tierra también habla


Hoy hacemos La Tramoya desde el Palau de la Música de Valencia.


Y no es un sitio cualquiera.


Porque el Palau tiene eso:

suena incluso cuando está en silencio.


Y hoy, además, suena distinto.


Hoy suena a copa, a tierra, a conversación larga, a brindis sin prisa…

y a esa costumbre tan nuestra de juntarnos alrededor de una mesa, como si el mundo se arreglara entre plato, vaso y sobremesa.


Estamos aquí por La Noche del Vino, con las bodegas de la D.O. Valencia.


Y hablar de vino, en esta tierra, no es hablar solo de una bebida.


Porque el vino es tierra, clima, paciencia y memoria.


Es una cepa aguantando el sol como aguantan algunas familias:

callando, resistiendo y dando fruto cuando toca.


Es gente que trabaja cuando nadie mira.


Es oficio. Es pueblo. Es paisaje.


Y también es identidad.


Pero identidad de la buena.


No de la que viene envuelta en una banderita, tertulia y políticucho de tres al cuarto.


La identidad de verdad no se grita.


Se cultiva.


Por eso esta noche tiene sentido.


Porque en la D.O. Valencia caben muchas formas de contar una misma tierra.


Está la mirada comercial, la pelea por vender mejor y por explicar mejor el producto, como hacen proyectos que han sabido construir marca y relato: desde Vegamar o Toni Arráez, hasta Gandia Plá, Bodegas Enguera o Pago Casa Gran.


Cada uno, a su manera, demuestra que hacer buen vino no basta.


También hay que saber ponerlo en el mundo.


Y ahí tenemos un problema muy nuestro.


Nos ponen una botella de fuera con nombre impronunciable…

y se nos empañan las gafas de la ilusión.


Nos ponen delante un vino valenciano excelente y preguntamos:


“¿Pero esto es de aquí?”.


Como si “de aquí” fuera una disculpa…

y no un motivo de orgullo.


Pues no.


“De aquí” debería pesar.


Debería importar.


Porque defender lo nuestro no es ponerse pesado, ni disfrazarse de patriota del todo a cien.


Defender lo nuestro es conocerlo.


Pedirlo. Recomendarlo. Pagarlo dignamente. Y contarlo bien.


Así que esta noche, desde el Palau de la Música, vamos a brindar, ¡que carajo!.


No por postura. No por la foto.


Brindemos por las bodegas. Por los agricultores. Por las cooperativas. Por los pueblos.


Y por los que  siguen creyendo que esta tierra tiene mucho que decir.


Porque una tierra que olvida su vino, olvida una parte de su historia.


Y una tierra que olvida su historia, acaba perdiendo su identidad.


Porque la tierra…


cuando se la escucha…


habla sola.

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