Leonas_#La Tramoya
Las personas buenas hacen menos ruido
Cada mañana, en el metro, en Salt de l’Aigua, la estación donde yo lo cojo, ocurre algo absolutamente revolucionario.
Y no, no es que llegue puntual. Tampoco pidamos milagros.
Hay una chica del equipo de limpieza de Metrovalencia que saluda y da los buenos días a cada persona con la que se cruza.
A cada una.
Y en hora punta, créeme, eso no es fácil.
Porque a esas horas la gente no va por la vida: va sobreviviendo. Con sueño, con prisa, mirando el móvil, con cara de lunes aunque sea jueves.
Y ahí está ella.
Trabajando, limpiando, haciendo lo suyo… y aun así levantando la cabeza para decir:
“Buenos días”.
Parece poca cosa.
Pero no lo es.
Porque mirando cada mañana las noticias, uno podría pensar que este mundo está lleno de sinvergüenzas, gritones, tramposos, egoístas profesionales y gente que desayuna bilis con tostadas.
Pero no.
La gente buena es mayoría.
Lo que pasa es que hace menos ruido.
Y eso enlaza con el tema de hoy: Leonas, el documental de Juan Manuel Cotelo sobre Mamás en Acción.
Una historia que habla de niños hospitalizados que están solos. Niños que pasan miedo sin una mano cerca. Niños que miran la puerta esperando que entre alguien.
Y entonces aparecen ellas.
Las leonas.
Mujeres que no van dando lecciones, ni buscando focos, ni pidiendo medallas. Simplemente se sientan al lado de una cama. Acompañan. Dan la mano. Están.
Y estar, cuando alguien sufre, es mucho más importante de lo que parece.
También lo demuestra la Casa Ronald McDonald, que acoge a familias que tienen que desplazarse porque sus hijos necesitan tratamiento médico lejos de casa.
Porque cuando un niño enferma, no enferma solo él. Se mueve una familia entera. Se rompe una rutina entera. Se queda una vida en pausa.
Y ahí la solidaridad deja de ser una palabra bonita y se convierte en algo concreto:
una habitación cerca del hospital,
una comida caliente,
una puerta abierta,
una persona al lado.
Eso es lo que sostiene el mundo.
No los grandes discursos.
No los titulares.
No los que gritan más fuerte.
El mundo lo sostienen muchas veces personas que hacen cosas pequeñas sin esperar aplausos.
Una voluntaria al lado de un niño.
Una casa abierta para una familia rota.
Una limpiadora del metro dando los buenos días a gente que quizá ni contesta.
Y por eso conviene recordarlo.
La bondad existe.
La solidaridad existe.
La gente decente existe.
Solo que normalmente no sale en primera página, no monta escándalos y no necesita hacer ruido para demostrar que está ahí.
A veces basta un gesto pequeño para recordarte que no todo está perdido.
Un “buenos días”.
Una mano.
Una cama cerca de un hospital.
Alguien que se queda.
Así que sí: quizá lo revolucionario no siempre llega con pancartas, discursos o grandes titulares.
A veces llega a primera hora de la mañana, en Salt de l’Aigua, con una persona que limpia una estación y sigue teniendo la delicadeza de saludar a los demás.
Y eso, con la que está cayendo, no es poco.
Eso es muchísimo.

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