Para que estés tranquilo_La Tramoya




Llevo un mes a tortas con el seguro médico. 

Son fabulosos los seguros.


Hay una frase maravillosa que dicen todos los seguros:


“Para que estés tranquilo.”


Qué bonito.


El seguro del coche: para que estés tranquilo.

El seguro médico: para que estés tranquilo.

El seguro del hogar: para que estés tranquilo.

El seguro de vida: este ya directamente es para que estén tranquilos los demás, que tú bastante tienes con estar muerto.


Pero la frase es preciosa: “para que estés tranquilo”, y tú te lo crees.


Pagas todos los meses y durante años no pasa nada. Tú pagas, ellos cobran, y la relación funciona perfectamente porque no os molestáis. Es como los matrimonios en que los dos trabajan muchas horas fuera de casa.


El problema llega el día que necesitas usar el seguro.


Llamas y dices:


—Hola, tengo un problema.


Y al otro lado no hay una persona, hay un laberinto, es como Narnia, pero sin armario.


Todos lo son, pero el seguro médico es maravilloso porque tú pagas para no esperar, y cuando llamas te dicen:


—Tenemos cita para dentro de siete semanas.


¡¿Siete semanas?!


En siete semanas pueden pasar muchas cosas. Te puedes curar,  te puedes morir, Trump puede invadir tu país…


Y entonces preguntas:


—¿No hay nada antes?


Y te dicen:


—Por privado sí.


¿Perdona?, pero si yo ya soy privado, estoy pagando una cuota mensual para sentirme especial y resulta que soy clase turista.


Por que el seguro médico ha inventado una cosa extraordinaria: pagar para descubrir que todavía puedes pagar más.


Es como una matrioska de facturas.


Tú crees que ya estás dentro del sistema, pero siempre hay una puerta premium, una prueba que “requiere autorización”, un especialista que “no entra en cuadro”, una clínica que “sí, pero no”, y una señorita que te dice:


—Eso habría que consultarlo.


A los seguros les encanta consultar cosas.


Nunca deciden. Consultan.


Consultan al departamento.

Consultan al médico valorador.

Consultan al tramitador.

Consultan hasta al oráculo de Delfos.


—Según Apolo, su radiografía no procede.


Y siempre lo mismo consultan y no procede… hasta que consultas tu a tu abogado y entonces, de pronto, eres premium y las cosas ya proceden.


Porque para cobrar no consultan tanto.

Para cobrar no falta documentación.

Para cobrar no hay plazo de diez a quince días laborables.


El recibo entra limpio, puntual, quirúrgico. Ahí sí que el sistema funciona.


Y al final uno entiende la verdad: el seguro no es “para que estés tranquilo”.


Es para que estés tranquilo mientras no lo uses.


Porque el día que lo necesitas, ya no eres cliente: eres sospechoso.

Ya no eres asegurado: eres expediente.

Ya no tienes un problema: tienes que demostrar que tu problema existe.


Y para eso no hace falta un seguro: hace falta un notario, un abogado y un exorcista.







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