Presuntamente_#La Tramoya
Hoy ha declarado José Luis Ábalos en el Supremo por el caso de las mascarillas. Junto a Koldo García y Víctor de Aldama. Presuntas irregularidades en contratos durante la pandemia.
En castellano de barrio, que “trincaron de lo lindo”, vaya. Presuntamente.
Como sociedad tenemos una capacidad curiosa: olvidamos muy bien.
Y menos mal.
Si recordáramos con nitidez cada miedo, cada pérdida, cada llamada que no llegó, cada hospital y cada noche mala… acabaríamos escondidos debajo de la cama de por vida.
Olvidar un poco permite seguir.
Pero una cosa es que la memoria borre los bordes a modo de supervivencia y otra muy distinta es pasar la fregona por encima de todo y hacer como si aquí no hubiera pasado nada.
Porque pasó.
Hubo una pandemia, hubo miedo, calles vacías, sanitarios agotados y negocios cerrados.
Abuelos despidiéndose por una pantalla desde las residencias… bueno, los que pudieron despedirse, y sobre todo hubo 121.000 muertos oficiales solo en España.
Y hubo, presuntamente, gente que, ante todo eso, “trincó”.
Y ahí la cosa deja de ser política y empieza a dar asco, mucho asco.
Porque una cosa es la incompetencia, que ya tenemos asumida como patrimonio nacional: una web pública hecha por un primo, una rotonda donde no hacía falta o carriles bici como si estuviéramos en Shanghái.
Pero otra cosa es la indecencia.
Y la indecencia durante una emergencia no es un fallo administrativo, es otra categoría moral.
Mientras la gente buscaba mascarillas, por supervivencia, como quien busca oro, mientras medio país no sabía si podía salir, trabajar, abrazar o respirar tranquilo… algunos, presuntamente sí, jugaban al Monopoly con contratos públicos.
Y aunque reconozco que, yo el primero, hemos convertido de la frase “todos son iguales” en un mantra, esa frase no es justa.
Porque cuando decimos “todos son iguales”, al final no señalamos a nadie.
Y cuando no culpamos a nadie, ganan los de siempre: los que viven de que estemos cansados.
Y ese es el peligro y esa es la táctica.
Nos ponen tantos escándalos delante que ya no distinguimos un charco de una fuente pública.
Y no, no se lo pongamos tan fácil, carajo.
Conviene no olvidar, pero no para vivir amargados ni para volver al miedo.
Sino para no regalar la memoria.
Porque si alguien aprovechó aquella pandemia para llenarse los bolsillos, no estamos ante una picaresca, estamos ante una profanación.
No se puede convertir el miedo, el dolor de un país y la muerte en una línea de negocio. NO.
Así que sí, hoy toca recordar.
Porque olvidar nos ayuda a vivir, sí, pero olvidar demasiado nos convierte en cómplices por agotamiento.
Y yo no quiero vivir mirando siempre hacia atrás, pero tampoco quiero que nos roben hasta la memoria.
Porque si nos roban eso también, ya no hace falta que nos engañen.
Simplemente nos habremos rendido.
Comentarios
Publicar un comentario