Yo soy Español, Español..._#La Tramoya
Y es curioso, por que hay una frase que España canta muy bien cuando quiere olvidarse de España:
“Yo soy español, español, español”.
La cantamos en 2010, cuando Iniesta metió aquel gol que todavía nos pone los pelos como escarpias recordarlo.
Salimos a la calle, abrazamos desconocidos, sacamos banderas de balcones, - cuenta la leyenda que hasta en País Vasco y Cataluña se vieron algunas - , por unas horas, el país pareció funcionar.
Y qué peligro tiene eso.
Porque mientras cantábamos, España no estaba precisamente para sacar pecho. La crisis ya nos había mordido y envenenado, el paro, los recortes, la deuda, los mercados, la famosa prima de riesgo… Todo ese vocabulario horrible que consiguió que fuera mas divertido recibir una carta de hacienda que abrir el periódico.
Y aun así, cantábamos.
Cuando ser español, para mucha gente, no era un piropo: era una hipoteca, una nómina temblando, un hijo haciendo la maleta, un autónomo rezando y una familia mirando el banco como quien mira al dentista.
Por eso el fútbol tiene una cosa maravillosa y una cosa peligrosísima.
La maravillosa es que nos junta, nos da una alegría limpia, popular, compartida. Que durante noventa minutos no pregunta cuánto ganas, a quién votas o si llegas a fin de mes.
La peligrosa: que a veces nos duerme.
Nos anestesia.
Nos coloca una bufanda encima de la herida y nos dice: tranquilo, hoy no mires.
Y claro que hay que celebrar un Mundial, faltaría más, bastante cuesta encontrar una alegría como para encima ponernos tiquismiquis.
Pero conviene recordar una cosa: ganar un partido, incluso el mundial, no arregla un país, solo lo tapa un rato.
Y España nos liamos fácil, solemos confundir una victoria deportiva con un proyecto nacional. Pensamos a menudo que cantar juntos equivale a vivir mejor juntos.
Somos muy de sacar la bandera cuando marca la selección y esconderla cuando toca exigir salarios, vivienda, sanidad, educación o condenar la corrupción.
Ahora viene otro Mundial, si, volverán las previas, los bares llenos, los tertulianos de barra, los seleccionadores de sofá y esa emoción colectiva que nos hace sentir parte de algo.
Perfecto.
Pero a ver si esta vez no se nos olvida que cuando termine el partido y se vacíen las plazas y las fuentes, seguiremos teniendo un país, con el precio de la vivienda en máximos inmorales, con la factura de las necesidades mas básicas cotizando en el IBEX. Seguiremos sin presupuestos del estado y con las administraciones apestando a cerrado y a corrupción, pero con las dimisiones brillando por su ausencia y soportando a políticos agarrados al cargo como si fuera el ultimo flotador del Titanic.
Y ojo, esto seguirá así incluso si ganamos los 8 partidos que valen un mundial.
Porque celebrar un gol está muy bien, el problema es vivir en fuera de juego permanente y encima celebrar los goles en propia puerta.

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