La tara española_#La Tramoya
La tara española
Este domingo juega la selección.
Y conviene recordar una cosa: hasta hace cuatro días éramos campeones morales del mundo.
Íbamos al Mundial como quien va a recoger un paquete a Correos.
Puro trámite.
Tenemos al mejor entrenador, los mejores jugadores, la mejor idea, el mejor centro del campo, la mejor presión, la mejor cantera, la mejor liga, el mejor fútbol y, si me apuras, hasta el mejor chándal de concentración.
Pero el lunes empatamos contra Cabo Verde y se acabó el relato.
Ya no somos tan buenos.
Ahora somos una banda de “tuercebotas” mal gestionados.
Estamos acabados.
Luis de la Fuente ya no es un seleccionador serio y campeón de Europa: ahora es un “matao” que no tiene ni idea.
Y los madridistas:
—Claro, si es que no se ha llevado a Carvajal…
Y así somos en España, el país de las hazañas.
Pero en todo, ¿eh?, esto no pasa solo con el fútbol.
Nos pasa con artistas, actores, cantantes, presentadores, escritores, deportistas, personajes públicos…
Los subimos al altar en dos tardes y los tiramos por el barranco al primer tropiezo.
Aquí no admiramos: beatificamos.
Pero, ojo que, tampoco criticamos: ejecutamos.
No hay análisis.
Hay hoguera.
No tenemos términos medios,
Bueno pasa en todo menos en política.
Ahí, curiosamente, nos entra una templanza franciscana.
Ya nos pueden mentir, robar, extorsionar, avergonzar internacionalmente, tomar el pelo, reírse de nosotros como contribuyentes, incumplir lo prometido, bueno, a veces ni prometer nada y vendernos la misma moto gripada cada cuatro años, que nada, no les pasamos la factura.
Y da igual M. Rajoy que P. S, todos. Los de las bandas lo mismo o peor.
Pero cuando llegan las elecciones, cada uno vuelve como un borreguito a ejercer su derecho a voto, a votar al suyo.
¡Al suyo!
Sin exigir nada, excusándolo todo y con una fidelidad que ya la querría para si la Selección Española.
Porque, si, aquí somos feroces con un seleccionador por empatar contra Cabo Verde, pero blanditos como un villancico con el político que lleva años haciéndonos el rondo.
Y así es España.
Al futbolista le pedimos excelencia.
Al artista, pureza.
Al entrenador, milagros.
¿Y al político?… al político nada, básicamente, que diga que es los nuestros.
Y ya está.
Y los madridistas:
—No, no. Todos no.
Carvajal no.
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