La tierra no sabe que somos importantes_#La Tramoya
La Tierra no sabe que somos importantes
Estos días estamos viendo imágenes terribles de Venezuela.
La Guaira.
Edificios abiertos.
Familias buscando entre los escombros.
Rescatistas pidiendo silencio para escuchar si debajo de las piedras queda alguien vivo.
Y aquí, en Valencia, sabemos un poco de qué va eso.
No por un terremoto.
Pero sí por la DANA.
Sabemos lo que es ver cómo, en unas horas, la vida normal deja de ser normal.
La casa ya no es casa.
La calle ya no es calle.
El coche ya no es coche.
La rutina desaparece.
Y todo lo que ayer parecía seguro, hoy está cubierto de barro, agua, polvo o silencio.
Ese es el golpe.
No solo la tragedia.
La humillación.
Descubrir que controlamos bastante menos de lo que creemos.
Vivimos con agenda, hipoteca, contraseñas, seguros, alarmas, notificaciones y planes para el sábado.
Como si todo estuviera firmado.
Y de pronto la tierra tiembla.
O el agua entra.
Y ya está.
Sin pedir permiso.
Sin esperar a que acabes la reunión.
Sin mirar si tienes niños, si tienes trabajo, si has pagado el alquiler o si mañana era tu cumpleaños.
Ahí se cae la tontería.
Porque todo eso que llamamos civilización es más frágil de lo que parece.
Edificios, carreteras, bancos, centros comerciales, urbanizaciones…
Y nosotros discutiendo idioteces como si mandáramos mucho.
Quién tiene razón.
Quién gobierna.
Quién gana.
Quién se indigna mejor.
Hasta que el suelo se mueve.
O el agua arrasa.
Y recuerdas que el escenario era prestado.
La Tierra no es cruel.
Eso sería darnos demasiada importancia.
La Tierra no castiga.
Simplemente se mueve, o descarga, o rompe.
Y después queda una pregunta bastante incómoda:
¿qué estamos haciendo con el ratito que tenemos?
Porque la vida no es una propiedad.
La vida es un préstamo.
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