El Homo “WhatsAppiens_#La Tramoya

El Homo “WhatsAppensis”.



Hay una cosa que me preocupa.


No es la inteligencia artificial.


Es la inteligencia natural… porque cada vez la usamos menos, cada vez somos mas zoquetes.


Yo creo que el móvil nos ha convertido en una nueva especie.


El Homo WhatsAppensis.


Antes la gente caminaba.


Ahora… descarga contenido mientras invade la acera.


Hay personas que no pasean. Flotan.


Van con la cabeza inclinada 45º, el pulgar trabajando a destajo y la mirada perdida, como si estuvieran descifrando un mensaje de la NASA. Luego te cruzas con ellos y descubres que estaban viendo un vídeo de un perro diciendo mamá.


Pero hay varios perfiles.


Está el que ocupa toda la acera.


Va con un amigo o su pareja, los dos mirando el móvil y caminando en paralelo.


Tú vienes de frente… esperas que uno se aparte…


Pero no, por que no te han visto, no existes.


El que acaba bajándose a la calzada eres tú. Y casi pidiendo permiso.


Luego está el que más miedo me da.


El de la frenada de emergencia.


Va andando a buen ritmo y tu detrás y, de repente, frena en seco y se queda completamente inmóvil mirando el teléfono.


Ni intermitentes, ni luces de freno, ni un triste “perdón”.


Porque le ha llegado una notificación que, por lo visto, no podía esperar cinco segundos.


Y mi favorito absoluto es el de las escaleras mecánicas del metro.


Baja, llega al final y decide que ése es el lugar perfecto para detenerse a mirar el teléfono.


Justo en la salida.


Como si hubiera encontrado allí el sentido de la vida.


Mientras tanto, detrás seguimos llegando todos empujandónos por una escalera que, por cierto… no se detiene y que puede convertirse en una trituradora de tobillos como te descuides.


Yo, aprovechando que estamos en un país de “chiringuito fácil”, voy a proponer una nueva Dirección General:


La DGP (Dirección General de Peatones)


Porque el problema no es el teléfono.


El problema es que hemos dejado de mirar alrededor.


Ya no vemos escaparates.


Ni edificios.


Ni a la gente.


Solo vemos una pantalla de seis pulgadas.


Y luego decimos que el tiempo pasa muy deprisa.


Normal.


Si llevamos media vida con la cabeza agachada… es imposible ver por dónde vamos. Carajo.

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