Julio modo avión_#La Tramoya
Julio modo avión
Julio es un mes mágico, no desaparece el trabajo pero desaparece la urgencia.
De pronto, todo lo que en marzo era gravísimo, en julio se convierte en:
—Bueno, ya lo vemos a la vuelta.
“La vuelta”.
Ese lugar místico, como Narnia, la Comarca Hobbit o la Cuba de Willy Toledo.
Ese territorio espiritual donde España deposita todo lo que no le apetece resolver con 36 grados.
En enero, un correo sin contestar es una crisis.
En julio es mindfulness.
Te llega un mensaje que dice:
—Te lo dejo por aquí antes de irme de vacaciones.
Traducción:
—Te endoso este marrón con cariño y crema solar.
Y tú lo lees, respiras hondo y contestas:
—Perfecto, lo vemos.
No sabes cuándo.
No sabes quién.
No sabes si eso volverá a existir.
Pero tu, “lo ves”.
Julio tiene esa paz rara.
Las reuniones siguen estando, pero la gente ya no está.
Físicamente sí.
Espiritualmente están todos en una cala, con una nevera azul y unas patatas onduladas.
Se habla de objetivos, de cierres, de presupuestos…
pero todos tienen la mirada de quien está calculando si le caben las sombrillas en el maletero.
Luego está el correo automático.
Me encanta:
“Estaré ausente hasta el 28 de agosto”.
Y tú piensas:
qué forma tan elegante de desaparecer de la civilización.
Julio nos convierte en seres superiores.
Más tranquilos, más sabios y sobretodo más lentos.
Abrimos un Excel como quien abre una sandía.
Miramos una incidencia y decimos:
—Bueno, tampoco se va a caer el mundo.
Y lo peor es que casi siempre es verdad.
Ese es el gran descubrimiento.
Muchas urgencias no eran urgencias.
Eran gente con calor.
Así que disfrutemos este estado zen laboral.
Porque en septiembre volverá todo.
Los correos, las prisas, los “era para ayer”.
Y echaremos de menos julio.
Ese mes en el que España no se detiene.
Simplemente responde más despacio.
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