Prohibido por tu seguridad_#La Tramoya



Prohibido por tu seguridad


Hoy viene en El País un artículo sobre el debate de prohibir las redes sociales a los menores.


Habla de Chile.


Habla de Australia.


Y habla de una cosa bastante interesante:


la ilusión de control.


Ilusión, dice, porque en Australia prohibieron las redes a los menores de 16 años y, seis meses después, siete de cada diez cuentas seguían activas.


Sorpresa.


Resulta que un adolescente sabe usar una VPN.



Pero más allá de la eficacia, que ya tiene su gracia, a mí hay algo que me inquieta mucho más.


El argumento: “Te lo prohibimos por tu seguridad”.


Ojito con esa frase, porque suena bien, pero muchas veces, cuando alguien dice “por tu seguridad”, lo que viene después es grotesco.


Y sí, tenemos un problema enorme con los menores y las redes, eso no se discute.


Hay chavales con ansiedad de influencer antes de tener edad para entrar solos al cine.


Niños que no comen si no les enchufas el YouTube kids.


Adolescentes comparando su vida real con la mentira editada de otros.


Pero, ojo,  también padres diciendo “deja el móvil” mientras desbloqueamos el nuestro en mitad de la frase.


El problema existe.


Pero cuidado con convertir cada problema en una prohibición.


A veces prohibir es solo una forma elegante de reconocer que no sabemos educar, acompañar ni regular de verdad.


Y quizá el  problema es que las plataformas están diseñadas para que nadie quiera salir.


Ni ellos, ni nosotros.


Como si esto fuese nuevo, que se lo digan a las tabacaleras.


Pero claro, eso molesta a gente con mucho dinero.


Así que es más fácil señalar al niño y poner una verja.


Y luego está la pregunta incómoda.


Si empezamos a aceptar que nos censuren por nuestro bien…


¿quién decide qué es nuestro bien?


¿Quién vigila al que vigila?


¿Quién censura al censor?


No se trata de dejar a los menores solos en la selva digital.


Se trata de no comprar tan rápido el envoltorio amable de la prohibición.


Porque las cadenas no siempre empiezan sonando a cadenas.


A veces empiezan sonando a cuidado.


A protección.


A “es por tu seguridad”.


Y ahí conviene levantar la ceja.


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