¿En que idioma?_#La Tramoya



¿EN QUÉ IDIOMA?


Ayer hablábamos del informe PISA y me vas a permitir que me repita, pero después me quedé mirando los datos y hubo algo que me llamó la atención.


En comprensión lectora, la Comunidad Valenciana saca 424 puntos.


El País Vasco, 419.


La media española es 451.


Y pensé:


Qué curioso.


Dos comunidades con lengua cooficial y donde llevamos años discutiendo sobre el idioma en las aulas aparecen casi al fondo de la tabla.


Ahora.


Antes de que nadie saque la bandera del cajón:


PISA no dice que saber dos lenguas sea malo ni yo tampoco.


Ni muchísimo menos.


De hecho, Galicia tiene también dos lenguas oficiales y obtiene 454 puntos, por encima de la media española.


El problema quizá no sea la lengua.


El problema puede ser lo que hacemos los adultos con ella.


Porque hemos conseguido convertir una herramienta para comunicarnos en una trinchera.


Porcentajes, modelos lingüísticos, libertad de elección, inmersión, identidad.


Gobiernos que cambian las reglas y oposiciones que prometen volverlas a cambiar.


Y esto en mi casa no es una reflexión teórica.


Tengo dos hijos, de 18 y 14 años.


Desde que empezaron el colegio han pasado por la LOE, la LOMCE y la LOMLOE.


Tres marcos educativos, gobiernos distintos, cambios de currículo, de evaluación, de modelo educativo…


Y viviendo en la Comunidad Valenciana, además, nuestros correspondientes cambios en el modelo lingüístico.


A veces tengo la sensación de que mis hijos no han ido al colegio.


Han participado en un ensayo clínico.


Cada gobierno que llega mira la educación y parece pensar:


«A ver qué podemos tocar».


Y todos dicen hacerlo por los alumnos.


Curiosamente, los alumnos son los únicos que no pintan nada.


Y mientras nosotros discutimos en qué idioma tienen que aprender los niños igual deberíamos comprobar primero si están aprendiendo, en el idioma que sea.


Porque resulta especialmente grotesco que toda esta batalla se produzca mientras se desploma precisamente la comprensión lectora.


No estoy diciendo que una cosa provoque la otra.


Eso no lo sabemos.


Estoy diciendo algo quizá más sencillo:


cuando la educación se convierte en territorio político, existe el peligro de que acabemos preocupándonos más por cómo llamamos a las cosas que por si los chavales entienden qué significan.


Y a lo mejor el debate no debería ser si un niño aprende en valenciano, castellano, euskera o gallego.


Ojalá aprenda cuantos más idiomas, mejor.


La cuestión es que cuando lea un cartel que ponga SALIDA en mitad de un incendio sea capaz de entenderlo.


Porque si no, podemos seguir discutiendo durante otros veinte años sobre en qué lengua escribirlo.


Total, seguiremos sin encontrar la puerta.

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