Stop anglicismos_#La Tramoya


STOP ANGLICISMOS

En España ya no tenemos problemas.


Tenemos challenges.


Que es mucho mejor.


Porque tú tienes un problema y te agobias.


Pero tienes un challenge y parece que llevas una sudadera, un MacBook y estás a punto de levantar tres millones de euros con una startup… perdón, empresa emergente.


Ya no hacemos reuniones.


Hacemos meetings.


No damos nuestra opinión.


Damos feedback.


Ni tenemos una fecha límite.


Tenemos un deadline.


Y si tienes compañeros de trabajo, cuidado que eso está anticuado.


Tú lo que tienes es un team.


Aunque seáis José Luis, Mari Carmen y tú compartiendo una impresora en red.


Y yo no tengo nada contra el inglés, ojo, faltaría más, de hecho, ya quisiera yo hablarlo.


El problema es cuando utilizamos palabras inglesas para decir cosas que llevamos toda la vida sabiendo decir perfectamente.


Porque parece que en inglés todo adquiere otra categoría.


«Mañana tenemos un meeting para recibir feedback sobre el briefing antes del deadline».


Dicho así parece que vas a lanzar un satélite, pero lo traduces y…


«Mañana nos reunimos para ver qué os parece el informe antes de entregarlo».



Pues ya está, trabajas en Quart de Poblet.


Que está fenomenal.


Pero Houston, Houston… tampoco.


Hemos convertido el idioma en una especie de traje de chaqueta.


Le ponemos una palabra inglesa a cualquier cosa y automáticamente parece más moderna, más profesional y más importante.


No te han despedido.


Has sufrido un offboarding.


Ah, bueno.


Entonces tranquilo.


Pensaba que te habías quedado sin curro.


Pero no.


Solo es que te han tirado a la fucking street.


Y quizá lo curioso no sea que usemos palabras inglesas.


Los idiomas siempre han cogido palabras de otros idiomas.


Lo curioso es que parezca que las nuestras valen menos.


Como si decir las cosas de forma sencilla nos hiciera parecer menos preparados.


Porque hemos llegado a un punto en el que complicar el lenguaje da prestigio y hacerse entender casi parece de pobres.


Y no utilizamos tantos anglicismos porque nos falten palabras, eso no es.


Los utilizamos porque nos sobra postureo.


Así que reivindiquemos algo revolucionario:


Llamar a las cosas por su nombre.


Porque quizá el verdadero challenge no sea aprender inglés.


Quizá sea dejar de utilizarlo para parecer lo que no somos.

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