El derecho a ser idiota_#La Tramoya
EL DERECHO A SER IDIOTA
Hoy reivindico el derecho a ser idiota.
Me parece un derecho fundamental.
Entre otras cosas porque yo lo ejerzo con bastante frecuencia.
Y creo que todos de
beríamos poder ser idiotas con libertad, sin miedo y, a ser posible, sin molestar demasiado.
El problema es que últimamente el idiota ha perdido la vergüenza.
Antes, cuando no sabías de algo, te callabas.
O preguntabas.
O hacías como que entendías, que es lo que hago yo cuando mi mujer me explica cómo se pone una lavadora de color. Que al parecer el algodón tiene sus propias leyes.
Ahora no.
Ahora, cuanto menos sabes, más convencido estás.
Ya puedes llevar treinta años estudiando medicina, pero aparece Jose Luis, que ha visto cuatro vídeos en internet, y te explica cómo funciona el sistema inmunitario.
Y como le lleves la contraria, eres un vendido de las farmacéuticas.
Que José Luis, por cierto, no sabe ni dónde tiene el páncreas.
Pero sabe perfectamente quién nos está engañando.
Y así con todo.
Con la economía.
Con el cambio climático.
Con las guerras.
Con el fútbol.
Bueno, con el fútbol llevamos toda la vida siendo idiotas. Ahí tenemos una tradición que respetar.
Pero lo fascinante es que ahora la ignorancia tiene seguidores.
Antes el tonto del pueblo era uno.
Y todo el pueblo sabía quién era.
Ahora tiene un canal, cincuenta mil seguidores y un patrocinador de colchones.
Y cuidado, que yo no estoy diciendo que no podamos opinar.
¡Faltaría más!
Yo opino por encima de mis posibilidades.
La diferencia es que, cuando descubro que estoy equivocado, intento rectificar.
Bueno…
Primero discuto un rato y me enfado.
Después busco en Google algo que me dé la razón.
Y finalmente cambio de tema.
Que uno también tiene su dignidad.
Pero hemos llegado a un punto en el que decir «no lo sé» parece una humillación.
Y a mí me parece una de las frases más inteligentes que existen.
Porque todos somos ignorantes en algo, al menos un rato.
La diferencia está entre el que no sabe y quiere aprender y el que no sabe, no quiere aprender y encima pretende enseñarnos a los demás.
Así que si, reivindico el derecho a ser idiota.
Pero, por favor, que no sea obligatorio ejercerlo.
Y, sobre todo, que los idiotas dejen de presentarse a las elecciones.
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