El tiempo que nos queda_#La Tramoya

 


EL TIEMPO QUE NOS QUEDA


Con la edad, cada vez soy más sensible al paso del tiempo.


¿No te pasa?


De repente descubres que tus hijos ya no son niños.


Que tus padres se hacen mayores.


Que hay amigos a los que llevas años sin ver.


Y que aquel verano que recuerdas como si fuera ayer ocurrió hace veinte años.


Y empiezas a comprender algo que antes ni te planteabas.


Que la vida se acaba.


Así de sencillo.


Y lo curioso es que seguimos comportándonos como si tuviéramos todo el tiempo del mundo.


Dejamos cosas para mañana.


Aplazamos conversaciones.


Nos enfadamos por estupideces.


Y nos pasamos media vida preocupados por cosas que, dentro de diez años, ni siquiera recordaremos.


Hoy hace dos años que cientos de valencianos se levantaron sin saber que estaban viviendo su último día.


Desayunaron.


Fueron a trabajar.


Besaron a sus hijos.


Algunos discutieron con sus parejas por alguna tontería.


Otros dejaron una llamada para después.


Y muchos dijeron «hasta luego».


Hasta luego.


Dos palabras que pronunciamos convencidos de que habrá una próxima vez.


Y no la hubo.


Estos días, dos accidentes ferroviarios nos han vuelto a recordar que basta un instante para que todos nuestros planes dejen de importar.


Y pienso en quienes se quedaron esperando.


En quienes todavía conservan un mensaje sin responder.


En quienes darían cualquier cosa por recuperar incluso aquella discusión absurda.


Porque lo verdaderamente terrible de perder a alguien no es solamente que desaparezca de tu presente.


Es que también desaparece de tu futuro.


De todos los días que todavía os quedaban por compartir.


Y mientras nosotros seguimos preocupados por llegar a mañana, hay familias que llevan dos años intentando regresar a ayer.


Quizá eso sea lo más cruel del tiempo.


Que para unos sigue pasando.


Y para otros…


Se detuvo para siempre.

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